lunes, 12 de agosto de 2013

VIDAS PRIVADAS, EN DIRECTO,.Viagra femenina, ¿la fórmula magistral del deseo? / TENDENCIAS, BROOKE SHIELDS, INOCENCIA INTERRUMPIDA,.

La viagra femeninaTÍTULO; VIDAS PRIVADAS, EN DIRECTO,.Viagra femenina, ¿la fórmula magistral del deseo?

VIDAS PRIVADAS, EN DIRECTO 
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- No es deseo todo lo que reluce en la píldora experimental que asegura haber descubierto el misterioso funcionamiento de nuestra libido.
 
 No es deseo todo lo que reluce en la píldora experimental que asegura haber descubierto el misterioso funcionamiento de nuestra libido. Probada en Estados Unidos, podría estar en las farmacias en 2016 y ¿beneficiar? a una de cada tres mujeres españolas. Un negocio millonario que podría traer más problemas que soluciones.
 Claro que tomaría una pastilla que me devolviera las ganas! Lo veo más fácil que rebajar el cansancio de una casa con tres niños y el estrés del trabajo, por no hablar de cómo sincronizar con la agenda de mi marido...”. A Carmen, 48 años y 17 de feliz convivencia, jamás se le ha pasado por la cabeza la posibilidad de romper su matrimonio debido a la mínima frecuencia de sus relaciones sexuales. Es una de las muchísimas “resignadas” a que la placidez conyugal vaya borrando el recuerdo del frenesí de los primeros años y del placer acomodado que llegó después. Carmen es la destinataria ideal de la “Viagra femenina”, Lybrido, un fármaco que se acaba de testar con éxito en 420 mujeres estadounidenses. Todas monógamas, con pareja estable y mortalmente aburridas.

Últimamente, la investigación no deja de indagar en la abrumadora falta de libido de las mujeres de todo el mundo: nos cansamos de nuestras parejas antes, más y con mayor frecuencia que ellos. Se diría que nuestra sexualidad está sometida a una terrible guerra de opuestos: mientras la biología parece empujarnos a variar de pareja con cierta frecuencia, la cultura favorece el deseo de una “media naranja” de por vida. Esa brecha es, precisamente, el objetivo de este fármaco llamado a salvar la distancia entre lo que ansía el cuerpo y lo que requiere la mente. A “fabricar” deseo para las parejas monógamas de largo recorrido.

Hacia una pasión de diseño


Aún no ha conseguido la aprobación de la agencia norteamericana del medicamento, pero el revuelo en torno a Lybrido ya es más audible que un jaleo flamenco. Es la celebración de la industria farmacéutica, deseosa de beneficiarse de un “pelotazo” similar al Viagra, la pastilla azul que, desde hace 15 años, trata de solucionar la disfunción eréctil de los hombres. Cerca de 2.000 millones de euros engrosan anualmente las arcas de Pfizer, el laboratorio que la creó. El negocio que podría suscitar su equivalente femenino no debería andarle a la zaga.

Lo cierto es que, en las últimas décadas, las farmacéuticas han tratado de explotar el potencial nicho de negocio del síndrome del deseo sexual inhibido (DSI). En España, un 20% de las mujeres de menos de 45 años y un 40% de las mayores de esta edad lo sufre, según el doctor Santiago Palacios, director del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer. A falta de una solución para la calvicie o la obesidad (las otras dos fuentes de oro de la industria del medicamento), este podría ser el clavo ardiendo al que puede agarrarse un sector que también sufre la crisis. Pero aún está por ver si la investigación acierta: otros fármacos anteriores no han resultado lo eficaces que se esperaba. Y es que el deseo femenino es mucho más escurridizo y sutil que la hidráulica de la impotencia.

De Lybrido se sabe que son en realidad dos píldoras con cobertura de testosterona y sabor a menta, que deben tomarse tres horas antes de mantener relaciones. Una contiene sidenafil, el “ingrediente” de Viagra que aumenta el flujo sanguíneo en los genitales y ayuda a la testosterona a aumentar el deseo; la otra lleva buspirona, utilizado en el tratamiento de la ansiedad, que reduce los niveles de serotonina y aumenta los de dopamina. El objetivo es llegar a un equilibrio entre los impulsos que genera la dopamina y la sensación de bienestar, organización y coherencia de la serotonina. Pero el peso del componente psicológico en la libido femenina complica la deseada fórmula magistral.

La ilusión de una píldora

Silvia, 37 años, recibe estas noticias con esperanza. Ha convivido en pareja cinco lustros, pero el último ha sufrido los embates del DSI. En casa, el bajón de su libido se vive con confusión y tristeza. Casi como una injusticia. Lejos de instalarse en la resignación, Silvia rabia por no poder acompañar sus sentimientos de la urgencia sexual que disfrutó al principio de su vida en común. “Me aterra pensar que, con los años, irá a menos. Necesito sentirme cerca de mi pareja, también físicamente. No quiero ser como algunas mujeres, que viven con un buen amigo con el que tienen relaciones de vez en cuando. Quiero seguir enamorada”. ¿Podrá ayudarle este medicamento? ¿Puede sustituir la atracción? Y, quizá, lo más importante: ¿es positivo sostener la ilusión con una píldora?

El doctor José Díaz Morfa es psiquiatra, psicoanalista, psicoterapeuta y presidente de la Asociación Española de Sexología Clínica, credenciales suficientes para asegurar un punto de vista equidistante en este asunto. Díaz Morfa confirma que “lo mental” sigue teniendo más peso en el deseo femenino, lo que, en principio, reduce el potencial público satisfecho de la medicación en pruebas. “Desde el punto de vista biológico, el planteamiento tiene sentido. Como Viagra, tendrá utilidad en ciertos casos, pero creo que solo va a funcionar cuando haya un problema médico. El deseo femenino está condicionado por un montón de factores afectivos, sociales... con lo que el componente biológico va a ser menos importante. Lybrido tendrá menos probabilidades de ayudar a las personas que Viagra”.

Otros especialistas no le ven virtud a ninguno de los dos fármacos. Erick Pescador Albiach, sociólogo y sexólogo, mantiene que “la sexualidad debe ir más allá de fármacos estimulantes que pueden ser perjudiciales y peligrosos. Viagra es un fármaco innecesario en el 90% de sus aplicaciones, que resuelve la erección física, con riesgo para la salud de los hombres, pero no sus causas. Con el nuevo fármaco para las mujeres se pretende lo mismo: no resuelve la falta de ganas, sino una predisposición al deseo, no demostrada y francamente compleja. Una mujer que no tenga deseo no lo va a encontrar o mejorar solamente con una pastilla. Para solventar eso hace falta terapia, educación y auténtico deseo de tener deseo”.

Un problema enmascarado

Lola Salinas, sexóloga y profesora en la Universidad Complutense de Madrid, coincide con Pescador. “No niego que puede haber casos en los que sea una solución a problemas endocrinos, neurológicos o fisiológicos. Pero, creo que estos fármacos atienden a los síntomas sin solucionar el problema. Es más, lo enmascaran y, a la larga, terminan cronificándolo hasta hacer casi imposible un tratamiento psicológico posterior. Si existe el deseo de compartir intimidad, si hay atracción por la otra persona, si la mujer se siente bien, probablemente el deseo fluya de manera espontánea”.

La libido femenina viene a ser el Santo Grial de la sexología: un verdadero misterio. Y es probable que los motivos que la excitan sean tan diversos como las mismas mujeres.
Georgina Burgos, sexóloga, autora de “Mente y deseo en la mujer” (Biblioteca nueva), opina que aún “hay pocos estudios. En nuestra sociedad, se define el deseo de forma instrumental, encaminado a satisfacer una práctica que es reproductiva pero no necesariamente erotizante para las mujeres. Cada una puede revelar de manera personal los miles de matices que construyen su deseo. En las mujeres, los matices son relevantes. Ojalá se estuvieran haciendo más estudios sobre el deseo femenino y no sobre la inadecuación del deseo a las prácticas reproductivas”.

El dr. Díaz Morfa, sin embargo, ve más debilidad en la parte “contraria”: “Ahora conocemos menos el deseo del hombre que el de la mujer. Desde los 80 se han incrementado mucho los estudios sobre sexualidad femenina, también por interés de las farmacéuticas. Creemos conocer el deseo masculino, pero está encasillado. Sin embargo, también surge desde el afecto, la fantasía...”.

¿Enfermedad o una actitud libre?

Pero no nos metamos en la viejísima guerra de sexos. Tratemos de responder a la pregunta ineludible: ¿qué origina la falta de deseo en las mujeres? “La causa fundamental son los hombres, una sexualidad excesivamente coitocéntrica y una falta de educación y libertad en el empoderamiento de su cuerpo”, explica Erick Pescador. “Motivos personales, dificultades en la relación, falta de satisfacción en los juegos, complejos, miedos, desinformación, estrés, distanciamiento de la pareja, enfermedad, depresión...”, enumera la profesora Salinas, a la que preocupa la potencial dependencia de una píldora. “En un 90% de los casos nos enfrentamos a factores psicológicos. Al usar un fármaco podemos provocar una habituación a estos medicamentos porque el cerebro seguirá respondiendo ante el problema psicológico con mecanismos de bloqueo, anulando sus efectos y provocando la necesidad de una mayor dosis”.

Un fármaco que intervenga en “las ganas de tener ganas”, un territorio delicadísimo que responde a variados factores que requieren tratamiento integral, suscita prevención y dudas.
Desde la teoría, reaparece la necesidad de preguntarse si no estaremos mercadeando con algo demasiado sensible. En el territorio de la práctica es donde se produce la flexibilidad. “Es cierto que se medicaliza mucho en psiquiatría y sexualidad, pero será una herramienta más para ayudar a algunas personas –concede Díaz Morfa–. El tema es si vamos a considerar patológica cualquier variación del deseo que se sale de un modelo, bajo qué criterios usamos la medicación. Lo perjudicial es, por ejemplo, considerar que unas relaciones normales son dos encuentros a la semana con un prólogo de caricias que siempre terminen en coito. No lo es usar una medicación que contribuya a que una pareja disfrute más”.

“La comercialización de este tipo de fármacos lleva implícita catalogar el bajo deseo sexual como un problema o una enfermedad –censura Lola Salinas–. Un bajo deseo es, la mayor parte de las veces, señal de que otras cosas no funcionan. Otras veces, la falta de deseo es simplemente una actitud libre y sana, que deberíamos respetar, no creando necesidades artificiales ni expectativas desajustadas. El nivel de deseo no puede establecerse por parámetros cuantitativos, comparativos o estadísticos”.

Georgina Burgos va más allá: “Controlar el deseo femenino es una forma de opresión. En vez de control, prefiero el juego, el descubrimiento... Un fármaco no dará alas al deseo femenino: no puede alinear biología, psique y cultura en la biografía de una mujer de forma favorable al crecimiento libre de su libido”. ¿Nos impone la industria farmacéutica su modelo de sexualidad? “Claro que sí –dice el dr. Díaz Morfa–. Y eso es lo negativo. Un fármaco puede ser positivo individualmente, pero no socialmente”.

Hacia un sexo “low cost”

No compete ya al terreno médico la repercusión social o el uso que el mercado haga de estos fármacos. Sí atañe a la sociología y a Lola Salinas, además de sexóloga, es profesora de esta materia en la UCM. “Con el objetivo de que sea utilizado por el mayor número de mujeres, temo que los laboratorios intenten crear una cultura de “necesidad”. Su diagnóstico traza un perfil del sexo que se nos viene encima, un modelo “low cost”: funcional, barato, desechable y escaso de implicación emocional.

“Lo habitual es que el deseo esté vinculado al interés que produce la otra persona, a las formas y al trato, a las expectativas de afinidad, a la habilidad seductora de la pareja... Si por medios farmacológicos separamos el deseo de estos contenidos, tendremos un modelo disociado
, donde por un lado actúa el sistema endocrino y por otro la psicología y las necesidades sociales, psicológicas y culturales –explica la profesora–. Esta disociación ha sido la queja más frecuente de la mujer en las relaciones de pareja: el hombre quiere tener relaciones sexuales aunque la pareja no marche bien o ella no las desee... Este modelo ahonda en la disociación entre cultura, inteligencia, emociones, afecto e intimidad, que tantos problemas provoca en la expresión afectiva de los hombres”.

En las conversaciones con distintas mujeres, una pregunta acababa apareciendo: “Pero... ¿para quién es realmente esta pastilla?”. La profesora Salinas se atreve a resolver la cuestión. “La mujer se somete de nuevo a una cultura patriarcal, donde priman los beneficios económicos. Los guiones sobre la sexualidad que más han calado han sido redactados por hombres con poder y de países ricos. ¿Ahora es la industria farmacéutica quien va a dictar cuánto deseo sexual deberían tener las mujeres?”.


Los millonarios números de la pastilla azul

  • Viagra ha cumplido 15 años en las farmacias. El laboratorio Pfizer controla el 45% del mercado, que le aporta unos 2.000 millones de dólares anuales en ventas a la compañía norteamericana.
  • Es uno de los medicamentos más dispensados de la historia, con 1.800 millones de comprimidos en el mundo. 37 millones de hombres lo han usado.
  • En España, desde 1998 se han realizado más de siete millones de recetas y se han dispensado más de 34 millones de comprimidos. 
  • Desde el 8 de julio se vende como genérico. Se espera que el precio baje un 40%. Ahora cada
  • Pildora cuesta 15 €,.
T ÍTULO; TENDENCIAS, BROOKE SHIELDS, INOCENCIA INTERRUMPIDA,.


Fue la náufraga de “El lago azul” y carne de burdel en 'La pequeña'. Amiga fiel de Michael Jackson y musa de Valentino y de Calvin Klein. en,.
 Fue la náufraga de “El lago azul” y carne de burdel en 'La pequeña'. Amiga fiel de Michael Jackson y musa de Valentino y de Calvin Klein. en los 80, Fue la novia de América y todos la amaron.
 Brooke Shields fue el rostro de los 80. Era el momento de morir con las hombreras puestas, de subirse el talle hasta lo más alto y emborrachar las mejillas de blush y los labios de rouge. Nunca estuvieron el pelo más cardado ni las cejas más pobladas, ni hubo un destino mejor para el baño de oro y la tachuela. Todo fue prolífico. Como ella, que saludó estos 80 desde la portada del Vogue América, haciendo bandera de una década prodigiosa que no atendió a razones. Demasiado de todo. Un rostro bello, excesivo hasta el paroxismo, dos veces bis.

A nadie le extrañó cuando Brooke apareció del brazo de Michael Jackson, rendidos los dos al diseño y como recién salidos de la sastrería fantasiosa de Lewis Carroll.
La versión más pop del rey y su princesa. Futura reina de corazones, Brooke Shields contaba 13 años con sus dedos cuando le conoció. Acababa de ponerse a las órdenes de Louis Malle en la polémica película “Pretty baby” (“La pequeña”), de 1978, que la situaba en el corazón de un prostíbulo y la hacía saltar a la arena de los bajos fondos en el papel de Violet.

Pero Brooke aún no había hecho temblar la gran pantalla con aquella película descaradamente naïf que fue “El lago azul” (1980), donde enseñaba al mundo no solo su turbadora desnudez de robinsona en el umbral de la virginidad, sino la certeza de que la adolescencia es un paraíso que también se pierde. Ni había sido la insinuante embajadora de Calvin Klein en 1981 con aquel combativo: “Want to know what gets between me and my Calvins? Nothing” (“¿Quieres saber qué hay entre mis vaqueros Calvin y yo? Nada”).

Cuando se cruzó con Jackson, la Shields no era aún la chica del millón de dólares (que es la cantidad que se embolsaría más tarde por una campaña con Wella Balsam), ni la del caché que le asignaría la revista Time: 10.000 dólares al día
. No coleccionaba todavía las 300 portadas de revistas internacionales (10 en Vogue América, entre 1980 y 1987, y otras tantas en Cosmopolitan, haciendo las delicias del propio Valentino) que llegaría a protagonizar. Sin embargo, sí había sido el bebé del spot de los jabones Ivory, de la multinacional Procter & Gamble, al otro lado del objetivo de Francesco Scavullo, el fotógrafo de las estrellas.

También había sido la niña de la tv movie “After the fall” (1974) que ayudó a Arthur Miller a contar su vida junto a Marilyn Monroe; el rostro de Colgate según el recreador del american fashion Richard Avedon y el de “Helene”, la púber protagonista de la novela de John Bowers (1976). Lolita incandescente, posó a los 10 años para otro de los grandes, Garry Gross, desnuda en el baño y cubierta de aceite, en unas fotos que terminaron en los tribunales y que pagó con lágrimas y dolor. Y fue el fichaje irrenunciable de la agencia de modelos de Eileen Ford en 1976, el año que rodó la película de terror “Alice sweet Alice”. La mirabas y veías la candidez prerrafaelita del pintor londinense Dante Gabriel Rossetti, encarnando a la virgen de algún cielo mundano, con corona de flores y manzanas, entre vestidos que hoy habrían hecho las delicias del bohemian más chic. Iba ya camino de convertirse en la novia de América y parecer la mujer de un senador de los Estados Unidos sin serlo.

Todo en su vida apuntaba, desde el principio, a completar el rompecabezas de la perfecta “american girl” a la que cantaban Tom Petty & The Heartbreakers: fue animadora en sus años en la Dwight Englewood High School de Nueva Jersey y laureada en la Universidad de Princeton, donde estudió literatura francesa primero e italiana después. Eran esos tiempos en los que “tenía una gran melena, usaba Reebok blancas y vaqueros lavados”, recordó recientemente. Solo ella podía felicitar la Navidad a los americanos como lo hizo en la portada de Playboy en 1986, con una bola de árbol navideño colgando de su oreja.

Todo lo orquestó su madre, Theresia Anna Schmonn, conocida como Teri,
actriz, modelo y productora de cine, que la exhibió sin escrúpulo (y con avaricia) en todos los escaparates y dejó al padre al margen. Así que empezó no pronto sino antes. Eso la unió más que nada a Michael Jackson: “Ambos comprendíamos lo que era estar en el ojo público desde muy jóvenes. Bromeaba con él diciendo que yo había comenzado cuando tenía 11 meses y él cuando ya era viejo. ¡Tenía cinco años! Ambos tuvimos que ser adultos desde muy temprana edad, pero cuando estábamos juntos éramos dos niños que se divertían”.

Lo contó en el memorial de despedida del cantante en 2009, para muchos su mejor papel, después de acumular premios Razzie a la peor actriz. Por la fallida “Amor sin fin” (1981), en la que Zefirelli sacó fugazmente a escena a un debutante Tom Cruise; por “Aventuras en el Sahara” (1983), en la que salía con bigote. Sí, Brooke Shields con bigote, pero vestida por Valentino Garavani. Él la institucionalizó su musa fugaz en la primera mitad de los 80, años en los que apareció vestida por el maestro italiano en la mayoría de sus portadas y apariciones. El rojo Valentino siempre le fue de maravilla a su melena castaña y a sus ojos azules, intensificados por unas tupidas pestañas oscuras y unas aún más sobresalientes cejas pobladas.

Su carrera cinematográfica es larga, pero estrecha, como algunos menús de la última y obcecada gastronomía: una sucesión de minucias sin plato que recordar: “Coraje para amar”, “Atracción imposible”... No, Brooke no pasará a la historia del cine. Y quién sabe si a la de la televisión, que le debe “De repente, Susan”, de la que fue flamante productora y algunas apariciones estelares en “Hannah Montana”.

Lo que no puede negarse es que ha sabido sumar y multiplicarse. Siempre está ahí. Se codeó con los teleñecos con 15 años, entregó el Oscar a la mejor actriz de reparto con 16, animó un especial de televisión junto a Bob Hope y la cantante de country Barbara Mandrell con 22, e hizo un cameo en “Friends” a los 31.
Un año después fue elegida la mujer más admirada por los lectores en los People’s Choice Awards y, con 37, se llevó el premio Golden Gate de la Asociación por la defensa de los Gays y Lesbianas (GLAAD), por su intervención en películas como “Corazón al descubierto”.

¿Quién podía dar más? Aún le quedó tiempo para preguntar “Got milk?” con la boca llena de leche porque lo quiso un anuncio publicitario; para frecuentar a Alberto de Mónaco, John Fitzgerald Kennedy Jr y Dodi Alfayed, con los consiguientes revuelos mediáticos; para dejarse ver con el actor irlandés Liam Neeson y el cantante de soft rock Michael Bolton; para desposarse y descasarse con el tenista Andre Agassi; para ser la Morticia de “La familia Addams” en las bendecidas tablas de Broadway en 2011, y para escribir varios libros: “On my own”, sus memorias de 16 años, “The Brooke book”, su diario-collage, y el más reciente “Down came the rain”, sus confesiones acerca de la depresión posparto que padeció. A estos hay que sumar los álbumes infantiles “Welcome to your world, baby” (2008) y “It’s the best day ever, dad” (2009), si se quiere que cuadren las cuentas de escritora con familia feliz.

En en año 2000, Brooke Shields se casó con el guionista Christopher Thomas Henchy y un año después nació su primera hija, Rowan Francis. En 2006, llegó la segunda, Grier Hammond.
Ella había venido al mundo el 31 de mayo de 1965 en Nueva York, al abrigo de una familia aristocrática emparentada con los primeros colonos de la Virginia del siglo XVI.

Es hija de Francis Alexander Shields, un alto ejecutivo de Revlon, hijo a su vez del tenista Francis Xavier Shields y de la princesa italiana Donna Marina Torlonia di Civitella-Cesi. Por tanto, Brooke es sobrina nieta del príncipe Alessandro Torlonia y de la infanta Beatriz de Borbón, su esposa. Y, claro, prima lejana de nuestro rey
. Esta aristócrata americana también fue portada del disco “Magic is a child”, del grupo de rock Nektar, a los 12 años, y protagonizó una inolvidable fotografía junto a Gene Simmons, líder de los Kiss, a los 14. Toda una pionera, como sus ilustres ancestros. 







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