sábado, 25 de mayo de 2013

PROTAGONISTA Doña Montserrat Fontané es la madre de Joan, Josep y Jordi Roca,Madre tres estrellas solo hay una,./ TENDENCIAS, EL METODO AMY, EL AMOR CONSIGUE CON UNA ECUACIÓN,. AMY WEBB,.

TÍTULO: PROTAGONISTA Doña Montserrat Fontané es la madre de Joan, Josep y Jordi Roca ,Madre tres estrellas solo hay una,.

Montse Fontanè, madre de tres estrellas (Michelin)-foto--Montse Fontanè, madre de tres estrellas (Michelin)

Amigos, tras el encuentro con Juli Soler (co-propietario de elBulli), hoy continúo la serie de conversaciones con personajes que han contribuido a que la gastronomía española goce de una posición de honor a nivel global. Personas sin protagonismo mediático cuyo mérito trato de homenajear divulgando un poco más de su vida, su labor.
Doña Montserrat Fontané es la madre de Joan, Josep y Jordi Roca  (Celler de Can Roca, Gerona), y es la principal causante de que la obra de estos tres magos de las emociones sea, desde el punto de vista de este cronista, lo máximo a lo que un amante de la gastronomía puede aspirar. El Celler cuenta con tres estrellas Michelin y es, según la célebre Restaurant, el segundo mejor restaurante del mundo.
Un rato con Montse ayuda a entender la vida de otra forma. Ayuda a entender virtudes como la generosidad, la astucia, el sacrificio, la honradez, el trabajo, la sabiduría, la entrega y el cariño. Ayuda a comprender la historia de superación de una familia catalana en la posguerra. Y de cómo todos esos valores han ayudado a conformar la extraordinaria personalidad de Joan, Josep y Jordi Roca.
Todavía hoy es posible ver a Montse cada día en el primitivo Can Roca bregando entre fogones. Allí es donde se produce este encuentro, a escasos metros del flamante restaurante de sus hijos. Días después se produciría una comida inolvidable en el Celler. Aquella en la que, por primera y única vez, el que esto suscribe rompió a llorar superado por una experiencia catártica más allá de la emoción gastronómica.
Los complicados inicios de Can Roca
¿Su primer trabajo fue muy pronto, en Can Batista?Sí. Cocinaba mi hermana, porque mi madre trabajaba en el campo y cuidaba las gallinas de las que luego vendía los huevos. Yo empecé de camarera a los trece años. Eso fue después de la guerra, por lo que también repartíamos la cartilla de racionamiento.
Y luego os fuisteis a las termas a trabajar…
Sí. Trabajábamos desde las ocho hasta las once de la noche, sin parar. Pero estábamos muy contentas. Comíamos, cobrábamos y nuestra inocencia nos hacía verlo todo positivo. Veníamos del campo y para nosotras era una aventura porque era la primera vez que ganábamos dinero.
Después se bajó usted a la ciudad a trabajar en el restaurante de su hermana mayor.Ella era sabia y una gran señora. En Can Lloret fue donde aprendí a cocinar de verdad. Estuve trabajando unos cuantos años. Después me casé y a los nueve meses tuve a Joan (el mayor de los hermanos Roca).
Y llegó el momento de emprender su propio caminoTeníamos ganas de buscar faena para no depender de nadie. Y mi marido, que era conductor de autobús y se enteraba de todo, encontró un sitio. Mis suegros vendieron su casa en San Martín y nos dejaron un dinero que completamos con el que nos prestó mi cuñado.
Era un lugar peculiar…Sí, era como una barraca. Había sido un negocio familiar muy humilde. La mitad era barbería, gestionada por el marido, y la otra mitad era bar, llevado por su mujer. Pero no les funcionó.
¡Montar un bar a las afueras de Gerona era muy arriesgado!Yo pensaba: “¡Ay madre mía!, ¿y si no va bien…?” Pero nos lanzamos y tuvimos mucha suerte. Este pueblo se portó con nosotros de maravilla. Llenábamos a diario, incluso los domingos. Yo les hacía muchas recetas, como los calamares a la romana. Y mi hermana nos dejaba platos y tenedores cuando llenábamos. Todo era muy precario.
¿Y su marido, El Jefe, nunca se metió en la cocina para ayudarla?¡No!, él estaba con el autobús de arriba abajo. Siempre ha sido muy manitas y ayudaba cuando se rompían las cosas. Pero él estaba con lo suyo.
¿Y qué cocina elaboraba (y elabora) usted?Llevo más de cuarenta años haciendo la cocina tradicional catalana que sabe hacer la gente de mi edad. Las que van llegando nuevas lo tienen más complicado por tiempo, por cultura…
El éxito les permitió hacer ampliaciones en Can RocaLlegó la Nestlé a la zona, y la construcción de la autopista. También subía mucha gente de Gerona porque sabían que aquí se comía bien y barato. Dábamos muchas comidas. Quisimos hacer el comedor y las habitaciones de arriba, pero solo nos daba para el techo. Cuando nos subieron la carcasa, los de la obra nos dijeron: “Ya que tenemos la grúa aquí, lo terminamos todo y nos lo pagáis cuando podáis”.
Qué bonito…Mucho, siempre lo digo. Y claro, ¡lo pagamos! Teníamos gente a pensión completa arriba y además… ¡Me encargaba de gestionar las casas de los vecinos que tenían habitaciones libres! Vinieron muchos gallegos y asturianos. Se traían cajas de sidra y se lo pasaban muy bien. Muchos clientes todavía se acuerdan y nos llaman. Era como una gran familia.
Primeros pasos de Joan, Josep y Jordi en Can Roca
Can Roca es el resultado del sacrificio, del trabajo y de la humildad. Igual que el Celler de sus hijosYo creo que tenemos un Ángel de la guarda. Aunque un amigo nos dice: “¡No!, el Ángel de la guarda no trabaja, los que trabajáis sois vosotros”. En cuanto a mis hijos, sí, les hemos enseñado el trabajo y humildad como base de esta familia y de la vida.
Es curioso que Joan (actualmente cocinero) fuera más aplicado en la sala que Josep (sala y bodega)Joan siempre fue el más serio, y empezó en la sala atendiendo a los clientes. Pitu (Josep Roca), con su cara de pillo, solo quería jugar. Mi marido le decía: “Vete a tomar nota esa mesa”, y él contestaba: “No sé a qué te refieres” o “No sé cómo se hace eso”. Al final iba a la mesa, hacía la comanda, la dejaba en la cocina y salía a jugar con la pelota. Ni caso a los clientes.
Y Joan le animó a estudiar hosteleríaSí. Pitu andaba despistado y solo quería jugar al fútbol. Joan le animó a sacarse el título. Y fue entrar en la Escuela de hostelería (de Gerona) y ¡Zas!, se enganchó a los cócteles. Se presentaba a los concursos y quedaba el primero… Y me dije aliviada: “Por fin encontró su sitio…”. Después, llegó el vino y todo lo demás.
También contaron los siete goles que le metieron en un partido…Ufff, ¡sí!...Menudo disgusto tenía el Pitu. Creo que eso influyó mucho para que se metiera en la universidad. ¡Se olvidó del fútbol!
Y luego llegó el pequeño, Jordi (actualmente repostero)Ay, sí, madre mía. Otro pillo. Solo quería jugar. A los doce o trece años viene y me dice: “Mamá, ¿por qué no nos jubilamos tú y yo?” ¿Tú te puedes imaginar?
Y Jordi acabó en el mundo dulce de forma casual, ¿verdad?
Cuando salió de la Escuela de hostelería no encontraba su sitio. Unos días en cocina, otros en la sala. Casualmente, vino un pastelero escocés que le cogió de ayudante. En una caída (asociada a una alocada historia) se rompió las dos piernas. Y así, Jordi encontró el camino. Tuvo que sustituirle y sacar adelante el trabajo, con lo que aprendió todo de él ¡y utilizando sus fichas!.
Es curioso cómo siendo niños tan diferentes, ahora exista tanta complicidad y cariño entre ellos.
Sí, la verdad es que conectan muy bien. Y eso que hay mucha diferencia de edad entre el mayor y el pequeño. Eso es lo que creo que hemos logrado. Lo más importante. Y me siento muy afortunada por ello.
Aunque ahora van más allá en cómo se complementan.Al principio empezaron uno con la bodega y la sala, el otro con la cocina y el otro con los postres. Ahora los tres se están metiendo en lo del otro y eso hace que todo crezca mucho más.
El primer Celler de Can Roca y su crecimiento
Se fueron haciendo mayores y se veían más capaces. ¿Qué hicieron entonces?
Habíamos comprado la casa de al lado a Can Roca con toda la ilusión del mundo. Aquella casa era preciosa, con su piscina, con su fuego, con su jardín delante. Y pensábamos que esa casa era para cuando Joan se casara. ¡Nunca para hacer un restaurante!.
¿Y qué paso?
Pues que al final nos convencieron, hicieron la obra y empezaron con su celler. Al principio lo pasaron mal porque iba muy poca gente. Incluso tenían un futbolín que todavía guardan con el jugaban por la noche cuando no tenían clientes. Joan era el que peor lo pasaba, sufría mucho con esa situación.
Y por fin el negocio floreció…Poco a poco les fue mejor. No tenían bastante cocina porque empezaron con la que había en la casa. Venían a la nuestra a por más espacio. Luego, cuando les empezó a ir bien del todo, hicieron las obras del restaurante y la cocina más grande. Pero al cabo de poco tiempo venían a nuestra cocina otra vez y yo decía: “¿Pero qué pasa ahora?” ¡Nunca tenían suficiente cocina!
Después se trasladaron al nuevo Celler. Y cada vez más personal y más bocas que alimentar…Buff, no me hables…Todos los chicos quieren venir aquí a hacer un stage. Unos tres meses, otros seis. Ahora los verás cuando vengan a comer (todo el equipo come diariamente en Can Roca antes del servicio a clientes). ¡Son 50 por lo menos!. Y yo le digo a Joan: “¿Realmente los necesitáis? ¡Porque los cincuenta comen, duermen, se les lava la ropa y las sábanas!”
¿Y recuerda platos del principio que le sorprendieran especialmente?
Creo que el primer Parmentier. Es el que más me ha gustado y todavía lo siguen haciendo en otras versiones. El Pastel de calabacín con gambas también lo recuerdo, y el Carpaccio de pie de cerdo. Antes Joan me daba a probar y me pedía mi opinión. Ahora hacen tantos platos…
El segundo Celler de Can Roca. La locura continúa
Y luego vinieron cosas como el Destilado de tierra, los perfumes o la cocina al vacío
Esto ya se me escapa de las manos. Yo he comido todo eso, la verdad. La liebre la comí con la tierra esa de no sé qué. Me gustó.
Y qué le parece ¿A qué sabe un gol de Messi? (un célebre postre de Jordi Roca)
Claro que lo he visto, y lo he probado. Divertido, es muy divertido.
¿Y el plato qué más le ha impactado? Hay unos cuantos. Por ejemplo, los perfumes de Jordi o el Viaje a La Habana. Le dije: “¿Pero cómo se te ha ocurrido hacer esto?” Y me contestó: “Me ha ayudado MacGyver”. Ellos llaman a su padre así porque como es un manitas, siempre les ayuda con los inventos… Y yo le veía ahí soplando con el humo y me decía: “¿Qué estará haciendo?… ¡ay!, Virgen Santa, este niño…".
Pero MacGyver al principio suele ser reticente a sus propuestas…Les dice que no, pero después se ablanda y siempre les echa una mano para hacer sus locuras.
Todo menos con el pollo a l´astUyy, ¡sí! Un día hicieron un destilado de pollo a l´ast y le dijeron a su padre: “Pruébalo, pruébalo”. Al jefe le sabía familiar. Cuando se enteró les dijo: “Nunca juguéis con el pollo a l´ast, porque es lo que ha dado de comer a esta familia durante muchos años”. Y nada. Se juntan los tres y lo hacen… Normal, como niños…
La primera vez que fui al nuevo Celler de Can Roca, habían pasado solo cuatro días desde su apertura. Y ahí estaba en la puerta El jefe despotricando: “¡Ay!, lo que han hecho los niños con la casa, qué barbaridad…"Eso lo dije yo también cuando vi unas maderas tiradas en el suelo, y pregunté: “¿Y esto tan feo, lo van a poner de verdad en la puerta?” Y me contestaron: “Señora, esta madera ha venido de la cárcel de Vietnam. Es una joya”. Y yo les repliqué: “Como si vienen de la China, vengan de donde vengan. ¡Son muy feas!”.
¿Qué sintió aquel día mágico en el que por fin les dieron las tres estrellas?
¡Buff!, aquel día, madre mía, fue el día más feliz de todos. Solo un día puede que me emocionara más: el día que les dieron la segunda. Los tenía aquí a los tres en el bar, aquí delante. Verlos abrazados, cantando, bailando y abriendo botellas, daba igual el precio que valieran… Ahora les toca mantener las tres estrellas. Y eso requiere mucho esfuerzo.
¿Cómo ve el futuro de tus hijos? Quiero verlos que sigan como hasta ahora. Pero la economía está muy mal. Yo espero que la cosa les funcione. Hasta ahora han tenido mucha suerte, llenan cada día. Con un poco menos me conformaría… Y que descansaran más porque no les veo nunca. No paran. Cuando quiero hablar con alguno de ellos, le tengo que coger del brazo fuerte y decirle: “Oye tú, mira esto y lo otro"... Porque si no, ¡no me escuchan!
Montse Fontanè: Generosa, astuta, sacrificada, honrada, trabajadora, sabia, entregada, cariñosa. Madre.

TÍTULO: TENDENCIAS, EL METODO AMY, EL AMOR CONSIGUE CON UNA ECUACIÓN,.
AMY WEBB,.

El método Amy. El amor se consigue con una ecuación --


hace 4 horas – El método Amy. El amor se consigue con una ecuación. Amy Webb es la autora de un libro sobre cita virtuales, que se basa en interpretar,.
 

El método Amy. El amor se consigue con una ecuación


  • foto,.
  • ¿Recuerdas aquello de que no hay recetas para el amor? ¡Olvídalo! Amy Webb, una norteamericana experta en interpretar estadísticas, ha estudiado el ritual de cortejo on line y ha desarrollado una fórmula... en la que ellos no salen muy bien parados.

Una chica bien entrada en la treintena, profesional y con un buen trabajo, rompe una relación sentimental de varios años y, tras pasar la travesía del desierto del duelo, vuelve desorientada al mercado. Lo que encuentra no tiene nada que ver con lo que dejó hace casi una década. Ahora –dicen– la batalla se libra en internet. El que busca pareja está en cualquiera de los sitios de citas on line. En teoría es mejor: por un lado, te ahorran el dinero de las copas y el trabajo sucio de intercambiar miradas en los bares, y por otro, se minimiza el riesgo de error. En la práctica, quién sabe.

Hay que empezar por hacerse una buena foto y redactar un perfil creíble de uno mismo (que admite alguna mentira piadosa: varios kilos de menos y algunos de centímetros de más), pero que en el grueso debe ajustarse a la realidad.
Lo siguiente es probar suerte. Con probabilidad se conocerá gente nueva; con muchísima probabilidad se animará bastante la variedad –que no necesariamente la calidad–, de nuestra vida sexual. Pero no hay garantías de encontrar el amor, ni siquiera de dar con una pareja estable que quiera pasar los próximos seis meses acompañada. (Seis meses es una medida razonable de estabilidad en los tiempos que corren y, para empezar, no está mal).

Nuestra chica, en este caso judía y nacida en Estados Unidos, pero que bien podría ser madrileña, se entregó con entusiasmo a la misión. Al cabo de un año de citas fallidas, ingentes cantidades de alcohol consumidas y algún fracaso sexual estrepitoso, concluyó que había equivocado el rumbo.

Amy Webb, que así se llama la “heroína” de esta historia, tiene una mente cartesiana y es especialista en interpretar datos de internet para varias empresas
. De hecho, la compañía que ha creado se dedica a este negocio. Una mente así solo puede sacar conclusiones racionales. En lugar de alimentar sentimientos de autocompasión, Amy decidió que su estrategia estaba equivocada y que su perfil estaba atrayendo a hombres poco interesantes. Así que tomó una decisión: aplicar sus conocimientos de matemática e ingeniería de datos a la búsqueda del amor. Y esto fue lo que hizo: creó 10 arquetipos falsos del macho alfa que ella buscaba. A saber, hombres atractivos, con una buena educación, solvencia demostrada, de cierto nivel intelectual y gustos refinados. Ah, y judíos. Para ella, esta era una condición innegociable. “Uno de ellos era JewishDoc1000, un hipotético cardiólogo con lucrativa consulta privada que odiaba las vacaciones en cruceros; otro era LawMan2346, un presunto abogado con buenos clientes, que decía disfrutar mucho de la vida en familia”, cuenta Amy. Y así hasta 10 perfiles de hombres cuasi perfectos.

Lo siguiente fue observar qué mujeres se decidían a entablar una conversación con estos hombres de éxito y cómo lo hacían. Durante un mes publicó comentarios en nombre de estos prototipos y llegó a interactuar con 96 mujeres. De esta manera, se dedicó a aprender de su competencia. Registró cómo se describían a sí mismas, cuánto tiempo esperaban para responder a un flechazo y el tono de sus conversaciones. Con toda esta información elaboró una base de datos y determinó cuáles eran las chicas más populares de la web que, coincidentemente, eran las que resultaban atractivas al tipo de hombre que Amy buscaba como pareja.

Su primera conclusión fue que su perfil era demasiado agresivo: las otras chicas se vendían de un modo más divertido y menos profesional. Ella casi había colocado una versión de su currículum como perfil. Los hombres que ella quería huían despavoridos ante una mujer que representaba más una competencia que una pareja potencial.
A continuación, resumimos lo que descubrió Amy.

Tomad nota porque no hace falta ser un as de las matemáticas para corregir nuestros errores en el cortejo digital.


  • Las chicas de éxito usan un lenguaje aspiracional, que de algún modo invita a compartir la vida. Dicen cosas como “Me gustaría viajar”, “mi mayor ambición sería...”.
  • Se describen con brevedad y de modo genérico. Y mienten sobre algunas características físicas. Solo algunas. 
  • Usan un estilo fresco y espontáneo. Amy nunca se habría descrito como “una chica divertida”, algo que era muy común en las mujeres más populares del sitio. Se había tomado el asunto de buscar pareja como un trabajo más y su tono la delataba. 
  • Sus perfiles eran cortos y contaban lo justo. No daban mucha información sobre la vida profesional, los colegios o las universidades donde habían estudiado. Unas 500 palabras era suficiente, el perfil de Amy tenía 900, lo que la colocaba en la parte más baja del ranking. Según lo que aprendió de su método, las mujeres que hablan demasiado de su trabajo parecen solitarias a ojos de los hombres. Al menos, de los que ella buscaba. 
  • Otra sorpresa: las chicas más populares eran audaces y cercanas. Eran muchas veces las que iniciaban el contacto con los chicos y lo hacían de un modo informal, con un mensaje corto, que podía ser simplemente “Hola, qué tal”. Nunca empleaban fórmulas más formales como: “Hola, (nombre). He leído tu perfil, me gustaría saber más de ti”. Triunfaba lo que sonara a encuentro casual. 
  • Sus galerías tenían entre tres y cinco fotos. No más. A partir de seis, y según los datos que recopiló de Amy, las visitas al perfil caían en picado. 
  • Daban información sobre sus hobbies y actividades, siempre que no fueran muy raros o requirieran muchas explicaciones. Por ejemplo, Amy tenía un cinturón negro en aikido, un detalle que solo produjo bromas de mal gusto y desafíos a tener una pelea en el barro. En resumen: hay que limitarse al cine, la bici o el tenis. 
  • Es muy difícil ser divertido por escrito. Así que si no lo tienes claro, lo mejor es no hacer demasiadas bromas en el perfil. Es arriesgado, según la teoría de Amy. 
  • Si alguien te envía un mensaje mientras estás conectada, responde de inmediato. Eso es lo que hacen las chicas que más ligan en internet: interactuar. Nunca sabes cuando el otro volverá a aparecer. 
  • Lo más curioso, y algo para lo que Amy no ha conseguido encontrar explicación: el pelo rizado es una clara desventaja en la búsqueda de pareja en internet. Ella lo tiene moreno y muy rizado. “No tengo ni idea de si los hombres las prefieren rubias, pero puedo afirmar que les gustan con un pelo sano, largo y liso. Mi consejo: si tienes rizos, te gustan y te ves guapa con ellos, pero no consigues triunfar on line, prueba a alisártelo y cuelga una foto”. Palabra de experta en datos. 

Al final de su concienzudo análisis, Amy había logrado recopilar información suficiente para crear un superperfil de sí misma con una suerte de amalgama de lo que había visto hacer en la Red a las chicas más populares. Y contó de ella cosas como esta: “Mis amigos dirían que soy una persona abierta y que me gusta viajar. Que estoy igual de guapa en vaqueros que con un vestido negro”. Su perfil atrajo a 60 candidatos, todos infinitamente superiores a los de sus primeros intentos. Nunca sabremos si fue el azar o la ingeniería de datos aplicada, el caso es que un año después Amy empezó a quedar con un perfil llamado Thevenin, un chico judío “atractivo, divertido e inteligente”, según sus propias palabras. Fue su última cita. Amy y Brian (su verdadero nombre) se enamoraron, se casaron y ahora viven y comen perdices en Baltimore (Estados Unidos). 

La fórmula de Amy, página a página
El método Amy se ha convertido en un popular libro: “A love story: how I gamed online dating to meet my Match”, que se ha publicado en Estados Unidos. De momento inédito en España (20 € en www.amazon.es).


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