domingo, 29 de enero de 2012

EN PRIMER PLANO-- EXTRAÑOS HIJOS DE PAPÁ./ El supermercado del hambre A FONDO.

 TÍTULO: EN PRIMER PLANO-- EXTRAÑOS HIJOS DE PAPÁ

Son los herederos de algunos de los imperios económicos más importantes del mundo. sin embargo, la voluntad de sus padres o el destino han llevado su vida por un camino muy distinto al de cualquier chico rico. Se lo contamos.



«Lo único que quiero
es llegar a ver cómo mi hijo mayor se gradúa en el instituto». Su primogénito, Reed Paul Jobs, un estudiante brillante y apasionado por la ciencia, se graduó en junio de 2010. «Es uno de los días más felices de mi vida. Contra todo pronóstico, aquí estoy», contó, exultante, el fundador de Apple a su amigo y confidente Walter Isaacson, que terminaría escribiendo su biografía autorizada, publicada en España por Debate. Después de la ceremonia, Jobs le regaló su bicicleta, ya que él, muy mermado (murió el pasado octubre), no iba a poder montar nunca más. Reed le dijo que estaba en deuda con él. Jobs respondió: «No me des las gracias, porque llevas mi ADN».


Solo hay que ver un retrato de Reed Paul, de 21 años, y compararlo con otro de su padre veinteañero para certificar que sí, que comparten genes. ¿Es una bendición o una losa? ¿El genio visionario de Jobs, pero también sus células pancréaticas propensas a tumores? Reed es un joven incisivo e inteligente. Tiene la creatividad y el físico de su padre, pero por fortuna no ha heredado su carácter tiránico y sus arrebatos de ira. Por el contrario, es encantador, amable, sensato y afectuoso. Ahí se nota la impronta de su madre, Laurene Powell, que ha dulcificado su herencia.


Cuando Powell dio a luz en 1991, llamaron al niño `bebé Jobs´ durante un par de semanas porque no se decidían con el nombre. Al final acabaron llamándolo Reed Paul (el primer nombre es el de la universidad de Jobs –donde apenas cursó un semestre– y el segundo, el de su padre adoptivo). Tiene dos hermanas: Erin Siena (16 años) y Eve (12 años). Pero el ojito derecho de Jobs siempre fue Reed, con el que mantuvo una estrecha relación. Cuando su padre se hallaba sentado a la mesa con aire huraño y mirando al suelo, lo cual ocurría a menudo durante su enfermedad, lo único que garantizaba la luz en sus ojos era la entrada de Reed, escribe Isaacson. Reed lo adoraba. «Mi padre no es un frío hombre de negocios que solo busque los beneficios. Lo que le motiva es el amor por su obra y el orgullo por los productos que crea», se sinceró el chaval. Cuando todavía estaba en el instituto, Jobs se lo llevaba a las reuniones de la cúpula de Apple. En una ocasión lo arrastró a una reunión de la empresa en Hawái diciéndole: «Voy a participar en reuniones durante las 24 horas y quiero que asistas porque vas a aprender más cosas de lo que aprenderías en dos años estudiando Empresariales. Estarás en una sala con la mejor gente del mundo, se tomarán decisiones muy duras y conocerás todos los pormenores».


Steve Jobs hubiera deseado que Reed fuera su delfín, la esperanza blanca de Apple cuando él faltase. De hecho, la enfermedad de Jobs marcó el destino de su hijo, que comenzó a trabajar durante los veranos en un laboratorio de oncología en el que se secuenciaba ADN para encontrar marcadores genéticos del cáncer de colon. Uno de sus experimentos analizaba cómo las mutaciones viajan a través de las familias. Reed utilizó su estudio sobre el cáncer como base para el trabajo de graduación que presentó ante su clase en el instituto. En la actualidad estudia Medicina en la universidad de Stanford. Su meta es hallar algún día un remedio contra el cáncer. «Una de las poquísimas ventajas de que yo cayera enfermo es que Reed ha podido pasar mucho tiempo estudiando con algunos médicos muy buenos», comentó Jobs.


«Su entusiasmo es igual al que yo sentía por los ordenadores a su edad. Creo que las mayores innovaciones del siglo XXI nacerán en la intersección entre la biología y la tecnología. Es el comienzo de una nueva era, como ocurrió con la digital en mi juventud».


No debe de ser fácil ser hijo de alguien tan indomable y competitivo como Jobs. O como Bill Gates. Y si no que le pregunten a su hijo, Rory John (12). Un manto de discreción los rodea a él y a sus hermanas: Jennifer Katherine (15 años) y Phoebe Adele (9). Y lo poco que se sabe de él es que apenas heredará un ínfimo porcentaje de la descomunal fortuna de su padre: 56.000 millones de dólares. Y es que Bill y su esposa, Melinda, consideran que la extrema riqueza es una carga. «A nuestros hijos les dejaremos algo de dinero, pero poco. Mi mujer y yo lo hemos hablado. No creemos que tanto dinero sea bueno. Contarán con ventajas, recibirán una educación increíble y tendrán cubiertos sus gastos de salud. Pero queremos que tengan la necesidad de trabajar. Que el dinero no les corte las alas, pero que tampoco sea una preocupación. ¿Hay una cifra mágica para llegar a ese equilibrio?», se pregunta Gates. Puede que sí. Al parecer, Rory y sus hermanas recibirán diez millones de dólares cada uno, aunque de momento deben conformarse con una asignación semanal no muy diferente a la de cualquier adolescente de clase media. El matrimonio Gates ha contagiado a su hijo su pasión por la filantropía y el trabajo voluntario. El adolescente ha trabajado en un banco de alimentos de Seatle y han acompañado a sus padres a un viaje a África. Por cierto, que en casa tiene prohibidos los productos de la competencia; en especial, de Apple. Nada de iPhones, iPads o iPods... «Tienen los equivalentes en Windows, como el reproductor musical Zune», matizó Gates... antes de enterrar este producto.


Un ejemplo de alguien que ha sabido labrarse un camino en la vida más allá de la alargada sombra de papá es el de David Ellison, de 25 años, heredero del imperio informático Oracle (39.000 millones de dólares), creado por Larry Ellison. Una curiosidad: cuando estaban de visita en el hogar de los Jobs, Reed llamaba a Larry y su hijo «nuestros amigos ricos» porque le chocaba el contraste entre los caprichosos modales de sus huéspedes y los hábitos espartanos que regían en casa. David, que iba camino de ser un frívolo y mimado insoportable, se ha convertido en un respetado productor de cine. Y no en uno cualquiera. Se ha sabido ganar a los hermanos Coen, a los que produjo Valor de ley.


Pero quizá el más singular de esta nómina de herederos atípicos es Howard Graham Buffett, de 57 años, Howie para los amigos. Se trata del hijo mediano de Warren Buffett, de 81 años, el tercer hombre más rico del mundo (50.000 millones de dólares), el analista de inversiones y seguros con más fino olfato del último medio siglo, conocido como el Oráculo de Omaha, que ha despejado al fin la incógnita sobre su sucesión al frente de Berkshire Hathaway, un imperio con activos valorados en 300.000 millones y 246.000 empleados. Su elección asombró a todos. Será Howie, su hijo.


¿Sorprendente? ¿Pero no es eso lo que hacen los patriarcas de la inmensa mayoría de las dinastías familiares desde que el mundo es mundo: dar las riendas del negocio a alguien que lleve sangre de su sangre? Puede ser. Pero en el caso de Warren Buffett, que siempre ha mostrado su aversión a las fortunas heredadas, nadie hubiera apostado por Howard, ni siquiera él mismo. «Yo soy el primer sorprendido por la decisión de papá», reconoció en una cadena de televisión de Estados Unidos. ¿Por qué?
Para empezar, Howard Buffett (dos veces casado, un hijo de 28 años) no es un tiburón de Wall Street. No entiende de acciones y bonos. Howard sabe de semillas, de riegos y de heladas. Se lo puede ver subido a un tractor, vestido con un peto vaquero, labrando sus fincas de soja y maíz. Es agricultor por vocación. A los cinco años convirtió el patio de la residencia familiar en un maizal. Más tarde, su padre compró unas tierras y se las arrendó. Fijó el precio del alquiler al peso corporal de Howard, que siempre fue regordete. Si adelgazaba, le cobraría menos. La táctica no funcionó. Sigue teniendo problemas de sobrepeso, pero es el hombre más feliz del mundo cuando está al cuidado de sus 6000 hectáreas en Nebraska, Illinois y Sudáfrica.


Howard reconoce que nunca se ha sentido presionado por ser hijo de Warren Buffett. «A los ojos del mundo nunca se me verá como alguien tan exitoso como él. No hay comparaciones que valgan. Mi padre y mi madre lo quisieron así. Nunca me obligaron a hacer una carrera o a meterme en el negocio. Ni a mí ni a mis hermanos. En vez de presionarnos, nos animaron para que encontrásemos algún oficio que nos gustase. Y a mí me gusta trabajar con las manos». Howard fue a tres universidades, pero no se licenció en ninguna. Tampoco sus hermanos, Susan y Peter, se graduaron; ella se dedica a las causas filantrópicas, él es músico profesional. «El apoyo de un padre a su hijo debe ser emocional. Esa es la mejor lección que aprendimos en casa», declara Peter. Todos recibieron unos 90.000 dólares en acciones de Berkshire Hathaway al cumplir la mayoría de edad. Un empujoncito. Calderilla en aquel momento.


Que nadie se confunda. Howard es granjero, pero no le busquen el pelo de la dehesa. Ha recorrido el mundo como fotógrafo de la naturaleza, su otra pasión. Ha publicado media docena de libros sobre fotografía y conservación, que abarcan desde el gorila de montaña a la pobreza en Etiopía, Congo y Bangladesh, países que se ha pateado mochila al hombro. Ha trabajado para National Geographic. Ha escrito artículos de opinión para The Wall Street Journal y The Washington Post. Y, a pesar de su carencia de titulación, la universidad de Harvard le publicó un trabajo sobre biodiversidad y rendimiento agrícola. Ha aprendido sobre el terreno, a pie de espiga.


Preside una fundación desde 1999 cuyo objetivo es combatir el hambre y elevar el nivel de vida de la población rural en las regiones más pobres del mundo y a la que destina 50 millones de dólares al año. Él mismo dirige algunos de los proyectos en África y América Latina. «El objetivo es que los campesinos aprendan métodos para ser autosuficientes cuando nosotros nos vayamos». Su estrategia es muy diferente a la de la fundación de Bill y Melinda Gates, grandes amigos de su padre (Warren les donó 37.000 millones, la aportación individual más grande de la historia). «Lo que hacen ellos es introducir nuestra tecnología en la agricultura del Tercer Mundo, pero le he dicho a Bill [al que considera como un hermano] que eso no funciona. Lo he visto con mis propios ojos». ¿Por qué? Porque se crea una dependencia tecnológica insostenible para el pobre, por ejemplo, la compra de semillas diseñadas genéticamente por grandes compañías que poseen la patente, o la adquisición de piezas de repuesto de la sofisticada maquinaria agrícola.


Howard no se corta a la hora de expresar sus opiniones. Lo hace con franqueza y un punto de ingenuidad. Pero sabe de lo que habla. Por algo se sienta en el consejo de administración de Archer Daniels Midland y ConAgra, dos de las compañías que controlan el comercio mundial de alimentos. También en el de Coca Cola y, por descontado, en Berkshire Hathaway. Por eso llama tanto la atención cuando apoya a los ‘indignados’ de Wall Street. «Las grandes empresas están jodiendo (sic) a la gente. Nunca hubo tanta diferencia entre ricos y pobres. Hace falta que pasen cosas. Alguna vez tiene que pasar algo. Además, nunca en mi vida había visto tantos recortes sociales en la Administración». Y lo dice alguien que tiene a su propio hijo trabajando para Obama en el departamento de Agricultura. A papá Warren le gusta que Howard sea sincero y diga lo que piensa. No en vano él también tiene palabras duras para banqueros e inversores. «Ha habido una lucha de clases. Pero solo mi clase está ganando [en referencia a los ricos]. Y mi clase no se limita a ganar, quiero decir que los estamos matando».


A pesar de su tardío entusiasmo por la filantropía, el anciano Warren Buffett sigue teniendo otra obsesión, la que ha animado toda su vida: le encanta ganar dinero. Y lo de sentar a un simpatizante de los `indignados´ en el trono de Berkshire Hathaway puede poner nerviosos a sus accionistas. Por eso es conveniente fijarse en la letra pequeña. A Howard le correspondería la presidencia no ejecutiva. Es decir, sin mando en plaza. Para el ambicionado puesto de consejero delegado llueven los codazos. Ejecutivos con pedigrí acostumbrados a manejar carteras millonarias. ¿Entonces qué pinta allí un granjero ilustrado? «Alguien tiene que preservar los valores de la compañía», explica Warren. Esos valores son, esencialmente, los suyos: apostar por empresas sólidas, por el largo plazo, por beneficios pequeños pero seguros… En resumen, sensatez. «Solo invierto en lo que entiendo», sentencia papá. Y su hijo es alguien que necesita ver para creer. Nadie le dará bono basura por liebre.


Con retranca, Howard matiza que la hora del relevo tardará en llegar. «Papá solo se jubilará cuando lo entierren».

TÍTULO: El supermercado del hambre A FONDO.
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Más de un millón de personas comen cada día en nuestro país gracias a los bancos de alimentos. Pocos saben de su existencia, pero hay 52, uno por provincia. Sin su labor altruista, muchos en España pasarían hambre. Así trabajan sus miles de voluntarios.



Que nada se pierda
.Este propósito rige la vida de Javier Espinosa desde hace casi 20 años. «Un tercio de los alimentos que se producen en el mundo no se los come nadie, se destruyen»,denuncia.


En Europa se tiran cada año 179 kilos de comida por persona, según un informe de la Unión Europea. Los supermercados, sin ir más lejos, rechazan un 30 por ciento de sus productos por razones estéticas (un envase abollado, por ejemplo). «Es un despilfarro intolerable», sentencia Espinosa.


Espinosa tiene 65 años. Como ingeniero aeronáutico ha trabajado toda su vida en el sector de la automoción y, ahora, recién jubilado, dirige el Banco de Alimentos de Madrid, una institución que ayudó a fundar hace ya 18 años. El de Madrid es el banco que más alimentos reparte de los 52, uno por provincia, que funcionan en España, agrupados casi todos ellos en una federación: Fesbal. La actividad de estas entidades sin ánimo de lucro, donde casi todo el personal es voluntario, crece cada año, sobre todo desde que la crisis comenzara a hacer estragos en nuestro mercado laboral. «No crecemos estrictamente porque haya más pobres, que es, por otro lado, lo que justifica nuestra tarea, sino porque cada vez conseguimos más comida –explica Espinosa–. Nunca dejamos de crecer, pero los tres últimos años ha sido algo brutal. Es así, aumenta el número de pobres, pero también el de donantes».


En 1994, cuando se fundó el Banco de Madrid,
el tercero de España tras el de Barcelona, pionero en su género, y el de Alicante, la entidad madrileña distribuyó cerca de 40.000 kilos de alimentos. En 2010 alcanzaron los 8,5 millones. En total, más de 77 millones de kilos en 18 años.


«La mayor parte de nuestros alimentos, alrededor de un 60 por ciento, procede directamente de la industria», subraya Espinosa. Cada vez más fabricantes, de hecho, ya incluyen en sus planes de producción partidas extras que van directamente al Banco. Hoy, cerca de 280 empresas colaboran con la entidad en sus dos sedes (en una nave en la carretera de Colmenar y en Mercamadrid). Lejos quedan los tiempos, recuerda Espinosa, en que conseguir la colaboración de las empresas era una ingrata tarea. «No te creían –rememora–. `No, hombre, aquí nadie se muere de hambre; todo el mundo tiene para comer´, te decían. Pero ya entonces había mucha gente necesitada: mayores con pensiones escasas a los que una ayuda para comer les salva el mes; albergues para mujeres maltratadas que no consiguen cuadrar el presupuesto; parados de larga duración; enfermos de sida; inmigrantes; no es solo el mendigo que ves en la calle».


En la actualidad, más de un millón de personas come en España gracias a estos bancos, el doble que antes de la crisis. Y subiendo. «En el de Madrid pasamos de 57.000 beneficiarios en 2010 a más de 70.000 el año pasado», subraya Espinosa. La cifra puede interpretarse como un logro, pero el director del Banco madrileño dista mucho de mostrarse satisfecho: «¡No es suficiente! Las necesidades han aumentado muchísimo más».


Los datos le dan la razón. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 21,8 por ciento de la población residente en España vive por debajo del umbral de la pobreza, un punto más que en 2010. Y hay más, el Consejo Económico y Social revela en un informe que nueve millones de españoles viven con menos de 8000 euros al año y que hay 265.000 hogares donde no entra un solo euro. En la Comunidad de Madrid, sin ir más lejos, el área que atienden Espinosa y su ejército de voluntarios (170 fijos y 350 ocasionales), el INE identifica a más de 800.000 personas en riesgo de extrema pobreza, el 13 por ciento de la población. «Sabemos que hay miles de personas que necesitan ayuda –alecciona Espinosa–. Debemos crecer, pero, sobre todo, aprovechar mejor lo que ya hay».


Pasar unas horas en la nave de mil metros cuadrados, cedida por el Gobierno regional, que el Banco gestiona en las afueras de Madrid permite entender mejor el significado de lo que significa «aprovechar lo que ya hay». No solo por el discurso de Espinosa. Fruta, leche, lácteos, arroz, pan, zumos, legumbres, embutido y un largo etcétera; aquí llegan excedentes de casi 185 productores de alimentos y supermercados (otros 93 entregan en el almacén de Mercamadrid), pero también donaciones de las `operaciones kilo´: colectas puntuales de empresas, organizaciones, instituciones o particulares decididos a aportar su granito de arena. «Excedentes –explica Espinosa– son todos los alimentos que las empresas no consiguen distribuir y que no van a vender. Todo debe ser, eso sí, apto para el consumo: que no esté caducado ni en mal estado». La labor de los bancos consiste en recibir todo este flujo de comida y redistribuirlo a comedores sociales, casas de acogida (de mujeres maltratadas, de inmigrantes, de enfermos de sida…), residencias de ancianos, parroquias, albergues, servicios sociales, etcétera.


A lo largo de la mañana, las furgonetas de las entidades van llegando a los muelles de carga y descarga del Banco. Se les ofrece el `menú´ de lo que hay disponible ese día y, en función de las necesidades de cada una, esto es, de las personas a las que atienden, se les entrega una determinada cantidad de alimentos. Las hay que reparten la comida en sus comedores y las que entregan comida directamente a familias necesitadas. La mayor parte son organizaciones religiosas como el Programa integral Vicente de Paul, un proyecto de las Hijas de la Caridad, que, entre otras atenciones, da cada día de comer a 450 personas en el centro de Madrid. «Gracias al Banco de Alimentos tenemos garantizado a diario el primer plato para toda esta gente. Es una gran ayuda», observa sor María del Carmen Briones, directora del programa.


La labor de estas organizaciones es la razón por la que el Banco de Alimentos no entrega comida a particulares. «Ya hay entidades en contacto directo con los necesitados –explica el director del Banco de Alimentos de Madrid–, saben mejor que nosotros a quién proveer; somos una ayuda para ellos, un complemento». José, un voluntario jubilado, lo explica con una sonrisa: «Una mandarina no te podemos dar, pero si necesitas una tonelada no hay problema». Aunque, en realidad, no es tan sencillo.


«Facilitamos alimentos a más de 400 entidades, pero tenemos una creciente lista de espera –subraya Espinosa–. Las que trabajan con nosotros nos piden cada vez más y no podemos atender a las que llegan. Podríamos repartir entre todas lo que hay, pero perjudicaríamos el trabajo de las que ya sabemos que funcionan. La solución es crecer. Se pierde mucha comida y no podemos redistribuirla toda por falta de capacidad. Necesitamos más ayuda: más voluntarios, más espacio de almacenaje, locales vacíos los hay a millones; más empresas e instituciones que colaboren. Que nada se pierda, ese es nuestro lema. Una persona famosa, un padrino, nos vendría bien para ayudar a transmitir todo esto».


Espinosa es de aquellos que nunca se sienten satisfechos. Una insatisfacción que le ha permitido ver crecer la modesta entidad que ayudó a fundar. «Empezamos siete u ocho amigos, habíamos leído sobre el desarrollo de los bancos de alimentos en EE.UU., donde funcionan desde los 60, y nos pusimos manos a la obra –recuerda–. Sin tener siquiera instalaciones ya recibíamos alimentos. Alguien nos cedió un almacén, hablamos con Barcelona y Alicante y creamos la federación».


Hoy en día, el de Madrid es el que más reparte. «Todo es proporcional –explica Espinosa–. Va en función de la población. También, al haber más empresas, hay más donantes. La mentalidad ha avanzado mucho, hoy existe la responsabilidad corporativa, que es un avance gigantesco». Sobre todo para una entidad cuyos recursos proceden en un 70 por ciento de donaciones y que, en cuestiones crematísticas, se limita a gestionar el dinero de sus gastos corrientes: 230.000 euros al año. «Si necesitamos algo –hacer una reforma, la cámara de frío...–, redactamos un proyecto, lo presentamos a una entidad y, si lo aprueban, ellos se encargan de todo», cuenta Espinosa.
La gratuidad es un principio irrenunciable de los bancos de alimentos desde que se fundó el primero de ellos, en 1967.

Un día de aquel año un tal John Van Hengel, voluntario en un comedor popular en Phoenix (Arizona), escuchó a una madre con nueve hijos y el marido preso contar cómo se las apañaba para alimentar a toda su prole con lo que se caía durante la descarga de madrugada en un supermercado. Van Hengel organizó entonces a un grupo de voluntarios para recoger alimentos en supermercados y fundó el St. Mary´s Food Bank en los 250 metros cuadrados de una vieja tahona. La idea se propagó con rapidez por todo EE.UU. Cuando falleció, en 2005, con 83 años, Van Hengel había ayudado a fundar centenares de bancos como el suyo por los cinco continentes.


«Que todo sea gratis, que haya que pedirlo –subraya Espinosa– busca estimular la solidaridad con los que padecen la pobreza, que los voluntarios se identifiquen con ellos pasando la vergüenza de pedir a los demás. Todo lo que ves a tu alrededor se ha conseguido gratis. ¡Es increíble!», subraya Espinosa en la sede del Banco madrileño. A su alrededor, alimentos, una cámara de frío, carretillas elevadoras, palés, furgonetas y decenas de personas en frenética actividad dan fe del poder de una idea.

UNA HISTORIA EN IMÁGENES--/ EXCUSAS PARA NO PENSAR- ¿ EXISTE VIDA EN OTROS PLANETAS?.

TÍTULO: UNA HISTORIA EN IMÁGENES:

Abrirnos los ojos. Eso es lo que pretende Unicef con las fotografías que premia cada año, según dijeron
sus responsables en la entrega de galardones de este año en Berlín. Y, sin duda, lo logra. Es imposible no asombrarse e indignarse ante las condiciones de vida de millones de niños en el mundo. Y, más aún, al atisbar en las imágenes nuestra responsabilidad en su drama.


TÍTULO: EXCUSAS PARA NO PENSAR- ¿ EXISTE VIDA EN OTROS PLANETAS?

Hay una dimensión que se aprende más tarde que las demás. Quiero decir que, cuando se cumplen dos años, ya se entiende muy bien el significado de las tres dimensiones espaciales: para adelante y para atrás, para la derecha o la izquierda o, si se cae uno de la cuna, para abajo o para arriba.


Ahora bien, se debe esperar a haber cumplido los tres años para darse cuenta de la dimensión temporal; antes de entonces, el niño de tres años, cuando oye a los demás mencionar los Reyes Magos, no sabe distinguir en modo alguno si se trata de los de este año, del año pasado o de algún sitio localizado en el futuro. A los tres años no se ha adquirido todavía la dimensión temporal.


¡Menudo misterio que nos acompaña desde el comienzo de nuestras vidas! Es lo que lleva a algunos científicos a afirmar que el tiempo no existe; que solo se nota en el color blanco del pelo que adquiere esa condición con la edad. A mí me gusta preguntarles a algunos de mis amigos científicos que me expliquen la diferencia entre un instante y un millón de años. Siempre me contestan refiriéndose a cualidades que no nos ayudan en absoluto a definir el tiempo: que el pelo se torna blanco, me dicen; pero eso no tiene nada que ver con mi pregunta: «El color, que yo sepa, no me sirve para describir el tiempo».


Me recuerda la misma pregunta que se hacía la amonita antes de que un terremoto la trasplantara del fondo del mar al medio de un desierto con un cactus a cada lado. Guardé la fotografía de aquel suceso, que no me canso nunca de admirar. Si pudiera hablar, la amonita me contaría que mientras estaba en el fondo del mar no veía otra cosa y que, de haber seguido allí, no sabría de verdad en qué se distinguía su vida de otras vidas, si las hubiera. ¡Estaba encantada con el terremoto y el movimiento geológico que la había transportado desde el fondo marítimo al medio del desierto entre dos cactus llenos de púas! Al descubrir otros tipos de vida –en este caso, la vida vegetal de un cactus–, supo por fin cómo era la suya.


Más de un cosmólogo me había explicado algo muy parecido a lo que había sucedido con la amonita. La búsqueda de vida en otros planetas –me decían– tiene una explicación muy parecida: necesitamos saber si hay vida en Marte o en otros planetas porque solo si la descubrimos en otro lugar del universo y es distinta a la nuestra sabremos de verdad en qué nos diferenciamos del resto; sabremos lo que es vida.


Ahora bien, cuando les oía platicar de esta manera, me acordaba –es un decir, claro– de lo que ocurrió hace unos seiscientos millones de años. En el siglo pasado hubo debates encendidos en los que se analizaban las diferencias supuestamente decisivas entre los organismos unicelulares y los organismos multicelulares como nosotros; es decir, aquellos que se las arreglaron para formar un sistema biológico tan complejo como la comunidad andante de células que somos los humanos. Había científicos seguros de que se necesitaría, prácticamente, un milagro para dar el salto de un organismo sencillo y débil como el formado por una sola célula a un organismo multicelular capaz de combinar conocimientos diversos, multiplicar su fuerza y casi vivir a su bola, quiero decir, como quisiera.


Tuvieron razón los pocos científicos que estaban convencidos de lo contrario; es decir, aquellos que de alguna manera intuyeron que la naturaleza no inventa dos veces lo que ya tiene inventado. Resulta que un organismo unicelular constituye ya una invención portentosa y que hacen falta muy pocos milagros o ninguno para transformarlo en una comunidad andante de células. ¿Se dan cuenta ahora de por qué estoy convencido de que, si se descubre vida en otros planetas, será muy parecida a la nuestra?

Cáncer de mama, la batalla de ellos --VENCER EL MIEDO- VALIENTES-.

Cada vez más mujeres, y más jóvenes, sufren cáncer de mama. Quizá por ello las pacientes ya son capaces de hablar con naturalidad de la enfermedad. Pero ¿y ellos? ¿Por qué resulta tan difícil que los maridos y los novios hablen de sus sentimientos? ¿Cómo conviven con el dolor, el miedo y la rabia?¿Cómo les afecta como pareja? Tres hombres nos lo cuentan.



Cerca de 22.000
mujeres españolas recibirán un diagnóstico de cáncer de mama este año y, aunque la mayoría tendrán más de 45 años, algunas serán todavía muy jóvenes, estarán en plena edad fértil. Es el tumor más frecuente en las mujeres occidentales y su incidencia va en aumento: en parte porque vivimos más y en parte porque se detecta antes, gracias a la prevención. «Casi parece una epidemia», dicen algunos médicos y pacientes que, a su alrededor, ven multiplicarse los casos entre familiares y amigas a edades antes impensables.



La buena noticia es que la mortalidad ha disminuido desde hace 30 años: la supervivencia más allá de cinco años, el tiempo que se considera la frontera de la curación, supera el 90 por ciento. Las cifras españolas están por encima de la media Europea y son equiparables a las de Francia, Suecia, Suiza o EE UU.



«Un cáncer de mama es un tsunami emocional», explica Francesc Casas, oncólogo del Hospital Clínico de Barcelona. «Cambia la vida de una pareja para siempre». Pero las mujeres están más informadas y, gracias a cirugías más conservadoras y a la detección precoz y a la reconstrucción mamaria, el diagnóstico devastador da paso en un altísimo porcentaje de casos a una vida recuperada. Y mientras: ¿qué pasa con ellos, los novios, los maridos, los compañeros que aman a estas mujeres? ¿Cómo conviven con el miedo, el dolor o la rabia? ¿Qué les dicen cuando sienten que está en riesgo su vida, pero también la integridad de su identidad femenina? «La noticia de que un ser querido padece cáncer de mama tiene el mismo impacto que la muerte», dice John W. Anderson, autor de A su lado: la guía del cáncer de mama dirigida a los hombres, recientemente publicado en España.


Anderson, director de publicidad de Nueva York, abogado y escritor, pasó por el trance con su madre, su esposa, su hermana y una de sus mejores amigas, y un día decidió dar respuestas a estas preguntas muy poco tratadas en los manuales de apoyo. Y Anderson responde: «Lo que tu mujer quiere de ti más que nada es que estés presente, acompañarla en las consultas, ayudarla a tomar decisiones médicas, consolarla y lo más importante: escucharla. Después del diagnóstico, el marido se convierte en el mayor cuidador de la relación. Este cambio de papeles es quizá el mayor reto para un matrimonio tocado por esta enfermedad». Por eso, con humor y sentido práctico, ofrece las estrategias para acompañar, cuidar, consolar, escuchar, organizar la vida doméstica, el trabajo, la intendencia, el descanso, las visitas, y entender el entramado de tratamientos y diagnósticos, el llanto o el miedo y no dejarse vencer por el cansancio.


«Este rol de cuidar a alguien cercano es un rol que el hombre tradicionalmente tiene muy poco incorporado», explica Francesc Casas, que supervisó y prologó la edición española y para quien esta inusual guía fue un descubrimiento. «En general, los hombres no saben cuidar y tienen dificultades para canalizar su preocupación, para elaborar sus sentimientos». Ellos tienden a pensar, por su educación o su estructura mental, que han de poder solucionarlo todo. «Pero deben entender que no se han de convertir en un Superman, sino echar mano de los amigos y de la familia, y buscar ayuda para no flaquear en tratamientos que son largos», añade Casas. En palabras de Anderson: «Es necesario reaccionar, no actuar».


ES DURO VERLA CON CICATRICES. PERO HAY QUE VENCER EL MIEDO»
Eduardo Sánchez,foto-- 39 años, diseñador gráfico. A su novia, Teresa Terrén, de 36, le diagnosticaron un tumor de mama hace cuatro años y le extirparon los dos pechos.

EL TRATAMIENTO ES TAN CRUEL! HAY QUE ESTAR MUY UNIDOS»
Aurelio Villa Gómez, 55 años, trabaja en una fábrica química.Lleva casado con Sagrario Baltasar 33 años. A ella le detectaron un tumor hace dos años.


LO ÚNICO QUE NO PODÍA ERA VERLA LLORAR»
Jesús González Mateos, 50 años, periodista. Casado, desde hace 10 años, con Uxue Barkos, diputada por Geroa Bai y concejala de Pamplona. Hace un año se le detectó un cáncer de mama

EL ALMIREZ- TONADILLERAS/ MAISON CARITA.

TÍTULO: EL ALMIREZ- TONADILLERAS.



Antonio Machado Álvarez, el padre de los hermanos Machado, fue, en la segunda mitad del XIX, un conocido folclorista sevillano que se firmaba como Demófilo. En una de sus antologías aparece una copla, hija de la sabiduría popular, en la que se afirma con precisión científica: «A Roma se va por bulas, / por tabaco a Gibraltar,/ por manzanilla a Sanlúcar, / y a Cádiz se va a por sal». Fuera de su ámbito natural, la manzanilla es un vino, el más pálido de todos, que no goza del prestigio que debiera. Es un fino suave y delicado, único para el aperitivo, que sobrevive en el mercado en su condición de `rebujito´, un trago largo que la mezcla con gaseosa.
Antes de la Guerra Civil, la manzanilla era mucho más popular que hoy. Una de sus formas, la manzanilla pasada –con seis o siete años de solera y crianza–, tenía gran predicamento, incluso en Madrid y a falta de gin-tonic, era de consumo frecuente en los lugares de fiesta y trasnoche. También en Barcelona y en Bilbao, donde, según los gustos artísticos de los consumidores, se repartían el mercado entre dos bodegas que anunciaban en competencia Pastora Imperio (Manzanilla Vicente Romero) y Aurora Purificación Mañanós Jaufret, La Goya (Manzanilla Delgado Zuleta).
Tomás Borrás, desconsolado viudo de La Goya, popular cronista de la Villa de Madrid, falangista y castizo, hizo toda una liturgia de la memoria de la que fue su mujer y, según contaba Bobby Deglané –el más popular de los locutores de la radio española clásica–, acudía con frecuencia al ya desaparecido restaurante El Trabuco, en la calle Mesonero Romanos, y, antes de comer, invitaba a una copa de manzanilla de Sanlúcar de Barrameda a los presentes.
TÍTULO: MAISON CARITA;

Dos españolas revolucionaron París: Éxito. Las hermanas María y Rosy ( con su perro en brazos), frente a su establecimiento en el parisino bulevar Faubourg Saint- Honoré en 1958. Brigitte Bardot-foto- (derecha) figura entre sus clientas habituales.
Es el salón de belleza por excalencia, detras del glamour de Maison Carita está el empuje de dos hermanas españolas, María y Rosy, del valle de arán. Joëlle Poulain, una empleada que las conoció, nos descubre el secreto de este éxito que visitan desde los años 50 las mujeres más exquisitas y bellas de mundo.
De clase humilde, con la guerra Civil Emigraron a Francia y abrieron su primer salón.

Anonymous --COSAS DE LA VIDA PARA LLAMAR AL MUNDO.

Desde 1927, la revista Time, una de las más influyentes del mundo, elige el Hombre del Año. Bueno, desde 1999 elige la `Persona´ del Año pero, teniendo en cuenta que en todo este tiempo solo cuatro mujeres han merecido tal honor, bien podrían haber dejado el título tan machista como antes. He dicho `honor´ y habría que matizar este concepto, puesto que también fueron Hombres del Año Stalin y Hitler; el primero, dos veces. Las bases del premio dicen que se concede a «la persona que haya tenido más impacto periodístico en el año». Sin embargo, después de habérselo otorgado al ayatolá Jomeini y cosechar una avalancha de críticas, juiciosamente optaron por lo políticamente correcto y ya no eligen chicos malos. De ahí que Bin Laden, a pesar de haber sido sin duda «el que más impacto periodístico» tuvo, no en uno sino en muchos de los últimos años, nunca lo ganó. Ustedes dirán que a qué viene hablar ahora de esto, ya que el fallo del jurado se hace público en diciembre y una bien conocida premisa periodística dice que no hay nada tan obsoleto como el diario de anteayer. Es verdad, pero a veces, como en este caso, el reconocimiento de la revista Time sirve para llamar la atención sobre la proyección futura de la persona o las personas elegidas. Hay que decir que el distinguido en esta ocasión es un símbolo de la época en la que nos ha tocado vivir. Porque no es ni hombre ni mujer, ni de derechas ni de izquierdas, ni del Tercer Mundo ni del Primero, ni malo ni bueno. De hecho, no tiene cara ni raza ni tampoco patria. Es –ustedes probablemente ya lo sepan– el ‘indignado’. O Anonymous, como muchos han querido llamarlo, porque tras su máscara, homenaje al conspirador católico inglés Guy Fawkes, se ocultan muchos y orgullosos miembros de este colectivo. Yo no voy a entrar a valorar un movimiento tan heterogéneo y polivalente, que ha tomado la Puerta del Sol y Wall Street, pero también la plaza Tahrir, en El Cairo, o las calles de Moscú. Baste decir que creo que surgió con toda la razón del mundo y que es una llamada de atención a las conciencias de todos. Bueno, de todos menos de los directos responsables de las diversas crisis, que no parece que tengan conciencia a la que llamar, pero esa es otra historia. Lo que me interesa analizar ahora es algo relacionado con la naturaleza humana y sus contradicciones. Es un poco cínico, pero, a poco que uno piense, se da cuenta de que los malos sentimientos muchas veces generan grandes obras, mientras que los buenos a menudo engendran desastres. Me explicaré. La soberbia y la envidia o el hambre y la necesidad no son precisamente cosas positivas. Sin embargo, sin la soberbia de los faraones nunca se hubieran levantado las pirámides de Egipto y sin la envidia irredenta del papa Julio II a los Borgia ahora no tendríamos la capilla Sixtina. ¿Y qué decir del hambre y la necesidad? Sin ellas estaríamos aún en la caverna dibujando mamuts y haciendo cestos. Por otro lado, como dice el refrán, de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Y, si no, que se lo pregunten a los revolucionarios que tomaron la Bastilla en París para ver cómo sus deseos de liberté, égalité y fraternité acababan, un par de años más tarde, en el Gran Terror, con la guillotina funcionando a destajo. Y es que, como escribió Goya a propósito de aquellos años, los sueños de la razón crean monstruos, por el simple motivo de que siempre hay unos pocos listillos que se aprovechan del sano entusiasmo del resto. Yo no quiero decir, ni mucho menos, que algo así vaya a pasar con los ‘indignados’. Pienso que cada época tiene su afán. En realidad, lo único que me preocupa de este movimiento es que ese anonimato del que ellos están tan orgullosos pueda volverse en su contra. Todos los movimientos asamblearios comienzan así, rechazando nombrar líderes o abanderados, pero es mejor tenerlos, ante el riesgo de caer en manos de quien prefiere seguir oculto tras una máscara. Y creer que tras una máscara hay un superhéroe o adalid del bien tipo Batman y Spiderman es tan infantil como creer en el ratoncito Pérez. Tras una careta suele ocultarse siempre alguien que prefiere no dar la cara. Ellos sabrán por qué.

Lo único que me preocupa de este movimiento es el anonimato del que están tan orgullosos. Tras una careta alguien que prefiere no dar la cara.

NUESTRO AMIGO PABLO HERREROS EL MADRILEÑO./ PABLO HERREROS EN LA TIENDA CHICA DE CASTUERA.

TÍTULO : DESAYUNO DE DOMINGO CON PABLO HERREROS.

Madrileño, de 1973. Mi `bio´ de Twitter: periodista, `bloguero´… ¡y loco por el flamenco! Inicié el movimiento que `paró´ La noria, el programa de Telecinco, definitivamente.
¿Mi definición de `telebasura´? ¡Buena pregunta, tío! Mmmmm... Me sobrepasa. No sabría decirte. Respeto a quien ve ese tipo de programas. Son entretenidos. De hecho, La noria tenía mucho ritmo.
Foto---Pablo Herrero.

¿XLSemanal. Bastaba con cambiar de canal, pero la `lio parda´. ¿Por qué?
P.H.
Por puro azar. Denuncié en mi blog que me parecía una vergüenza que la madre del Cuco fuese invitada a La noria, aunque cobrando en torno a 9000 euros, y aquellos posts tuvieron más repercusión que otras veces. ¡Ojalá acabemos con eso! Con que un criminal con delitos de sangre, o cualquiera de sus familiares, pueda lucrarse en un programa de televisión.


¿XL. ¿Y si hablamos de otros delitos?
P.H.
Entonces sí que es inabarcable. No merece la pena entrar ahí.


¿XL. Algunos critican que las marcas solo retiraron sus spots tras las quejas.
P.H.
¡Uf! A ver. Más de 30.000 personas, a través de la comunidad on-line Actuable, pedimos a 50 marcas que retirasen sus spots, y lo han hecho. ¡Pues chapeau!


¿XL. ¿La unión, si es a través de Internet, hace mucha más fuerza?
P.H.
Sin duda. Si protestas en la barra de un bar, se queda en pataleta. Pero si lo haces de manera educada y pragmática, y propones respuestas, no.


¿XL. Ruego máxima sinceridad: ¿y usted, como bloguero, para qué sirve?
P.H.
Para compartir lo que voy aprendiendo en la Red de otra gente. Tengo en mi blog unos 30.000 visitantes cada mes. El mes de la polémica de La noria tuve 250.000 más o menos.


¿XL. Como sé que le gusta el flamenco, se lo pregunto así, ¿cuánto tardará en volver a ‘armar el taco’?
P.H.
[Sonríe]. No tengo ninguna intención de volver a hacerlo. No es algo con lo que se especula. No tengo ningún ánimo de protagonizar otra polémica porque no ha sido agradable.


¿XL. ¿Qué ha sido lo peor de todo esto?
P.H.
La presión de verte en el foco durante unos días. Me llegaron muchos insultos. Muchos menos que a Jordi González, pero muy desagradables.


¿XL. Cuente, cuente...
P.H.
Recibí comentarios en mi blog de gente que decía que ojalá el daño que había hecho a la madre del Cuco me viniese de vuelta. O que ojalá mi ego descanse tranquilo cuando cien tíos se vayan a la calle. Eso, dejando aparte los insultos directos.


Su desayuno es el siguiente:

CON `MUSHO ´ARTE«Es el día. El resto de la semana no tengo tiempo. Un kiwi, una naranja, un té con leche, cereales y una tostada con tomate y aceitito de mi tierra adoptiva, Jerez.
 
TÍTULO: PABLO HERREROS EN LA TIENDA CHICA DE CASTUERA.
 
Este joven periodista que pasea por la calles del Pueblo de Castuera de paso entra en la Tienda Chica del Señor José María.
Se presenta como un periodista que vive en Madrid y le enseña su carnet que pone sus datos y su profesión al Jefe José María.
Pablo Herreros empieza hacer preguntas a José María con buenas respuestas sobre la historia de la Tienda Chica.
José María le presenta a su hija Clary que tiene al lado con una gran boutique llamada Clary Novias, Pablo Herreros que entusiasmado con las dos tiendas del Pueblo de Castuera.
Nuestro amigo decide comprar en la Tienda Chica una bata de caballero con su pijama de regalo y unos calcetines negros, y compra en Clary Novias también una bufanda, unos pantalones vaqueros y una chaqueta como tienes puesta en la foto que vemos.
Solo nos queda decir adiós al periodista joven llamado Pablo Herreros que compro en las dos tiendas más importantes del Pueblo de Castuera y también a las buenas preguntas que hizo al Jefe José María y a Clary sobre el mundo del comercio., etc.

sábado, 28 de enero de 2012

ARRIESGARSE. CORRE, ANIMO, PIENSO, ETC.

Siempre se corre el riesgo...
cuando pienso en lo que hago
y también cuando no pienso...
cuando corro y cuando camino...
cuando digo lo que pienso y cuando callo...
cuando tomo decisiones y cuando me las guardo..
.cuando lloro y cuando río.


Siempre se corre el riesgo...
cuando me animo y cuando me acobardo...
cuando digo la verdad y cuando miento...
cuando me juego por alguien
y cuando no me juego por nadie.


Siempre se corre el riesgo...
de enamorarse de quien nos ame
y de amar a quien no nos ame nunca...
de entregar todo,
mucho o poco que tengamos dentro...
de cometer errores pero también aciertos...
de apostar más de una ficha
y no entender el juego...
de creer que las sabemos todas
y de ignorar tantas otras...
al soportarlo todo y no interesarnos por nada.

Siempre corremos el riesgo...
de tomar un camino equivocado
o de creer siempre que el nuestro es el correcto...
de animarnos o no hacerlo...
poder creer o creer siempre que no puedo...
permitirme algo o coartar toda posibilidad de ser...
ser no es nada fácil...
el no ser no tiene sentido.

Siempre corremos el riesgo...
cuando creo y cuando desconfío...
cuando soy felíz y no puedo serlo...
cuando me permito y me prohíbo...
cuando me acerco y también cuando me alejo...
cuando abro puertas y cuando cierro todas...
cuando veo una luz y cuando ando a oscuras...
cuando afirmo y cuando niego...
cuando elijo algo nuevo,
cuando me aburro de lo viejo...
cuando me río de mi mismo
y cuando lloro por lo ajeno.

Siempre corro el riesgo...
cuando sostengo...
cuando me caigo...
cuando estoy atento...
cuando me distraigo...
cuando conozco algo nuevo
y me aferro a lo que tengo...
cuando llego demasiado temprano... cuando creo que
para todo es tarde.

Siempre corremos el riesgo... cuando acepto todo sin
cuestionarme nada... cuando reveo mi historia y me
otorgo sólo desdichas... cuando me sorprendo y cuando
me aburro... cuando llego y cuando creo que nunca
alcanzo... cuando construyo y también cuando me
quiebro... cuando me
galardono por un éxito y cuando me castigo por un
error... cuando me enojo y cuando protesto... cuando
se abren nuevos caminos y no veo ninguno.