viernes, 20 de septiembre de 2013

Los pacientes graves pagarán hasta 4,2 euros en farmacias hospitalarias desde octubre,./ Sociedad «La moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes»


Los pacientes graves pagarán hasta 4,2 euros en farmacias ... de farmacia de los hospitales, con un máximo de 4,2 euros por envase.
Los pacientes no ingresados deberán asumir una "aportación reducida" desde el 1 de octubre por los medicamentos para tratar enfermedades graves o crónicas que se dispensan en los servicios de farmacia de los hospitales, con un máximo de 4,2 euros por envase.
Consta en una resolución de la Dirección General de la Cartera Básica de Servicios del Sistema Nacional de Salud que hoy publica el BOE, que incluye una relación de más de 150 presentaciones de distintos fármacos afectados, informa Efe.
"La aportación reducida conforme a lo dispuesto en el artículo 94.bis de la Ley 29/2006 es de un 10 % del PVP del medicamento, con un máximo actualmente fijado en 4,2 €", según se precisa. Cuando la dispensación no se ajuste al envase comercial, el cálculo de la aportación se realizará de manera "proporcional" a la medicación suministrada.
La medida ha sido criticada tanto el PSOE como la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP). "El Gobierno se ceba con los enfermos, castigando y empobreciendo a los más vulnerables", según denuncia en un comunicado la secretaria socialista de Política Social, Trinidad Jiménez, que ha pedido la dimisión de la ministra de Sanidad, Ana Mato. Según Jiménez, "no hay explicación alguna para esta decisión", que ha considerado "inhumana".
Mato "se está cargando el sistema público de salud", ha añadido, y es "inadmisible" una "insensibilidad tan grande" con estos enfermos. La carga económica "se multiplica de tal forma" que habrá personas que no podrán hacerle frente", señala Jiménez. "La ministra Mato compareció ayer en la Comisión de Sanidad del Congreso y no fue capaz de anunciarnos la medida", según el portavoz socialista de Sanidad en el Congreso, José Martínez Olmos.
Al mismo tiempo, la FADSP considera que se trata de "una nueva barrera que dificulta y/o impide el acceso a medicamentos necesarios a los sectores de la población con menos ingresos", lo que genera el "aumento de la morbilidad y de la mortalidad" en los grupos con bajos ingresos y problemas graves de salud. "Se trata de una agresión más del Ministerio de Sanidad", opina esta organización en una nota. Hasta ahora, recordó la entidad, estos fármacos eran de dispensación gratuita y se dirigían a enfermos con hepatitis C, distintos tipos de cáncer, VIH, o artritis, entre otros procesos médicos.
Los pacientes no ingresados deberán asumir una "aportación reducida" desde el 1 de octubre, según publica hoy el BOE, por los medicamentos para tratar enfermedades graves o crónicas que se dispensan en los servicios de farmacia de los hospitales, con un máximo de 4,2 euros por envase.
La ministra de Sanidad, Ana Mato, explicó hace nueve meses en el Congreso que el objetivo es equiparar la receta médica con la orden de dispensación hospitalaria para evitar diferentes interpretaciones jurídicas y clarificar ambos conceptos, y poder seguir avanzando en la implantación de la receta electrónica.
Se trata de reflejar la realidad de la farmacia hospitalaria, que incluye los medicamentos que se dan a las personas ingresadas y los que se dispensan a través de las farmacias de los hospitales, dijo entonces. "En modo alguno -precisó- los pacientes hospitalizados van a tener que pagar nada por los medicamentos que reciba"
 
«La moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes»

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«La moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes»

-foto--El Papa Francisco declara a la revista de los jesuitas que ha pecado de excesos autoritarios y alega que nunca ha sido de derechas

Francisco considera que las enseñanzas de la Iglesia no son un conjunto de doctrinas «para imponerlas insistentemente». La declaración, muy seria viniendo de donde viene, la ha realizado el Papa a 'La Civiltá Cattolica', la emblemática revista de los jesuitas, que ha sido reproducida por otras quince publicaciones de la Compañía de Jesús en todo el mundo, entre ellas la española 'Razón y Fe'. «El edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio», reconoce el Pontífice, que se manifiesta con mucha libertad y de manera muy abierta. En muchos momentos se baja del pedestal y del dogmatismo -expresa su miedo a los que están tan seguros- con formulaciones brillantes. Sus declaraciones se extendieron como la pólvora a las cinco de la tarde, cuando los jesuitas levantaron un embargo que habían mantenido casi en secreto.
Francisco no rehúye temas controvertidos, como la cuestión de los cristianos que viven situaciones irregulares para la Iglesia, los divorciados vueltos a casar, parejas homosexuales o el aborto. El Papa pide tener siempre en cuenta a la persona. «Tenemos que anunciar el Evangelio en todas partes curando todo tipo de heridas. En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos 'heridos sociales', porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre les ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso. Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo le respondía con otra pregunta: 'Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la condena? En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia».
También expresa la misma actitud en episodios de aborto, que ha de evaluarse en cada caso, antes de sostener que el confesionario «no es una sala de tortura», sino un lugar de misericordia. Pese a todo, Francisco señala que «no podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto».
Otro de los temas polémicos en los que entra es el referido al papel de la mujer en la Iglesia. Aunque teme el 'machismo con faldas', Francisco defiende que la mujer es «imprescindible» para la Iglesia y apuesta por una mayor presencia femenina, más incisiva: «Es preciso profundizar más en la figura de la mujer en la Iglesia. Hay que trabajar más hasta elaborar una teología profunda de la mujer. En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia», sostiene.
Y en esta tarea lanza un mensaje a «los ministros» del Evangelio: «El pueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios ni 'clerigos de despacho'. Los ministros de la Iglesia deben ser, ante todo, ministros de misericordia», advierte. También afirma que la Iglesia «es la casa de todos, no una capillita en la que cabe solo un grupito de personas selectas». Y es duro en esta reflexión. «No podemos reducir el seno de la Iglesia universal a un nido protector de nuestra mediocridad. La Iglesia es madre. La Iglesia es fecunda, debe serlo. Mire, cuando percibo comportamientos negativos en ministros de la Iglesia o en consagrados o consagradas, lo primero que se me ocurre es: 'un solterón', 'una solterona'. No son padres ni madres. No han sido capaces de dar vida». Sobre los religiosos el Papa subraya que «son profetas», pero les reclama una actitud más activa, una actitud profética que a veces «crea alboroto, estruendo» y que «anuncia el espíritu del Evangelio».
Y va más allá. «Los votos no pueden acabar convirtiéndose en caricaturas, porque cuando así sucede, por ejemplo, la vida de la comunidad se vuelve un infierno y la castidad una vida de solterones».
Defectos
El Papa reconoce que ha aprendido de las dificultades vividas en el pasado cuando siendo muy joven y en un contexto difícil se convirtió en superior provincial de los jesuitas. «Mi gobierno como jesuita, al comienzo, adolecía de muchos defectos. Yo tomaba mis decisiones de manera brusca y personalista. Al final, la gente se cansa del autoritarismo. Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas serios y a ser acusado de conservador», admite. «No habré sido ciertamente como la beata Imelda, pero jamás he sido de derechas», confiesa con humildad sobre una metedura de pata en su día, que ahora se convierte en una revelación valiosísima.
Reclama una Iglesia que salga de sí misma. «Busquemos más bien ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos, capaz de salir de sí misma yendo hacia el que no la frecuenta, hacia el que se marchó de ella, hacia el indiferente. El que abandonó la Iglesia a veces lo hizo por razones que, si se entienden y valoran bien, pueden ser el inicio de un retorno. Pero es necesario tener audacia y valor».

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