domingo, 22 de septiembre de 2013

LIGA, TERCERA GRUPO 14, PUEBLONUEVO-2-CASTUERA-1-/ DESAYUNO DE DOMINGO MARÍA HERRERA,./ La tormenta se avecina,.

TÍTULO; LIGA, TERCERA GRUPO 14, PUEBLONUEVO-2-CASTUERA-1-,.

Ha perdido el Castuera por dos a uno. Minuto 1 marca Pueblonuevo,. Minuto 42 marca el Castuera Ismael,. En el minuto 89 marca Pueblonuevo el segundo, que mala suerte del Castuera, etc.

TÍTULO: DESAYUNO DE DOMINGO MARÍA HERRERA,.
La joven corredora, María Herrera. (Foto: Javier Ocaña).
¿ Carreras de chicas? ¡ No! Yo soy capaz de enfrentarme a chicos,.


XLSemanal. ¿A qué edad ya sabía montar en moto?María Herrera. A los cinco años; puede que a los cuatro. Aprendí en una de motocross.
Desayuno de domingo con...

María Herrera: ¿Carreras de chicas? ¡No! Yo soy capaz de enfrentarme a chicos"

Tengo 17 años y he sido la primera mujer en ganar una prueba en el Campeonato de España de Motociclismo. El 29 de septiembre debuto en el mundial, con el equipo Repsol, en el Gran Premio de Aragón.

:  María Herrera: ¿Carreras de chicas? ¡No! Yo soy capaz de enfrentarme a chicos" 

 
XLSemanal. ¿A qué edad ya sabía montar en moto?
María Herrera. A los cinco años; puede que a los cuatro. Aprendí en una de motocross. Mi padre era muy aficionado y me enseñó en cuanto pudo.
XL. ¿También le enseñó mecánica?
M.H. ¡Qué va! Ahora estoy empezando a entender un poco para poder trabajar con el equipo, pero nada más.
XL. ¿Le queda tiempo para estudiar?
M.H. Sí. Este año he empezado el bachillerato. Dejé mi pueblo (Oropesa, en Toledo) y me he ido a Barcelona porque allí es más fácil simultanear los entrenamientos y el estudio.
XL. En Toledo van a toda velocidad...
M.H. Sí que hay afición, sí. Álvaro Bautista es un referente, y a mí me está ayudando. Tenemos buena relación.
XL. ¿Piensa ir a la universidad?
M.H. Quiero estudiar Bellas Artes. Pintar es mi mayor afición, además de hacer deporte, claro. Corro y monto en bici.
XL. ¿Eso la ayuda a superar la diferencia física con los chicos?
M.H. No hace falta ser muy fuerte para mover una moto de las pequeñas, con las que yo compito ahora, pero ayuda.
XL. ¿Ha encontrado prejuicios en los equipos y en el campeonato?
M.H. Al principio me costó que me tomaran en serio, pero ahora es una ventaja ser chica; despierto más interés.
XL. ¿Y comentarios machistas?
M.H. Bah, no. Una cosa buena de este mundillo es que son los resultados los que te juzgan y que tu capacidad se mide con puntos en el campeonato.
XL. ¿Le gustaría una competición separada para chicas, como sucede en otros deportes?
M.H. ¡No! Yo me veo capaz de enfrentarme con los chicos. Bueno, para eso me esfuerzo cada día.
XL. ¿Conoce a Ana Carrasco, la otra piloto española del mundial?
M.H. La sigo desde que yo tenía cinco años. Es una chica maja. Y puede llegar alto porque tiene condiciones.
XL. ¿Cómo es usted como piloto?
M.H. Soy bastante fina. Y agresiva cuando toca, pero esa no es mi principal cualidad.
XL. ¿Qué espera de su debut en el Mundial de Motociclismo?
M.H. Aprender mucho, pasármelo bien y disfrutar de la experiencia. El equipo no me ha puesto ninguna presión.
XL. ¿Y después?
M.H. Lo primero, terminar lo más arriba posible en el Campeonato de España; por ahora voy tercera. Y seguir trabajando duro para ser piloto del mundial.

Su desayuno: «Leche con cereales, una rebanada de pan con tomate y un café con leche. Los días de carrera me toca desayunar temprano para estar a punto a la hora de competir».

TÍTULO; La tormenta se avecina,.

 Sé que se avecina una tormenta porque puedo mirar a lo lejos y ver lo que sucede en el horizonte. Por supuesto, la luz ayuda: es el final del ...

Sé que se avecina una tormenta porque puedo mirar a lo lejos y ver lo que sucede en el horizonte. Por supuesto, la luz ayuda: es el final del atardecer, lo cual hace más nítido el contorno de las nubes. Veo también el destello de los relámpagos.
Ni un solo ruido. El viento no está soplando ni más fuerte ni más débil que antes. Pero sé que se acerca una tormenta, porque estoy acostumbrado a mirar al horizonte.
Me detengo. No hay nada más emocionante o terrorífico que mirar una tormenta que se aproxima. El primer pensamiento que se me ocurre es ir a buscar cobijo, pero eso puede ser peligroso. El cobijo puede ser una especie de trampa, pues de aquí a poco tiempo el viento empezará a soplar y puede que tenga fuerza suficiente como para arrancar tejados, derribar árboles, destruir cables de alta tensión.
Recuerdo un viejo amigo que de niño vivió en Normandía y pudo presenciar el desembarco de las tropas aliadas en la Francia ocupada por los nazis. No he olvidado sus palabras:
«Me levanté y el horizonte estaba lleno de barcos de guerra. En la playa al lado de mi casa, los soldados alemanes contemplaban la misma escena que yo. Pero lo que más me aterrorizaba era el silencio. Un silencio total que precede a un combate a vida o muerte».
Y ese mismo silencio es el que me rodea. Y poco a poco es sustituido por el murmullo, muy suave, de la brisa en los campos de maíz a mi alrededor. La presión atmosférica está cambiando. La tormenta está cada vez más cerca y el silencio comienza a ser sustituido por el suave rumor de las hojas.
He presenciado muchas tormentas en mi vida. La mayor parte me pilló por sorpresa, por lo que tuve que aprender, y muy rápidamente, a mirar más lejos, a entender que no soy capaz de controlar el tiempo, a practicar el arte de la paciencia y a respetar la furia de la naturaleza. Las cosas no siempre suceden como uno quiere, y más vale hacerse a la idea.
Hace muchos años compuse una canción que decía: «Perdí el miedo a la lluvia / pues la lluvia, al volver a la tierra, trae cosas del aire». Es mejor dominar el miedo. Ser digno de aquello que escribí y entender que, por muy malo que sea el vendaval, en algún momento pasará.
El viento ha aumentado de velocidad. Estoy en un campo abierto, hay árboles en el horizonte que, por lo menos en teoría, atraerán los rayos. Mi piel es impermeable, por muy empapada que tenga la ropa. Por lo tanto, más vale disfrutar de esta vista, en lugar de salir corriendo en busca de cobijo.
Pasa media hora. A mi abuelo ingeniero le gustaba enseñarme las leyes de la física mientras nos divertíamos: «Después de ver el rayo, cuenta los segundos y multiplícalos por trescientos cuarenta metros, que es la velocidad del sonido. Así sabrás siempre a qué distancia suenan los truenos». Un poco complicado, pero me acostumbré a hacerlo desde niño: en este momento, la tormenta se encuentra a dos kilómetros de distancia. Aún hay suficiente claridad para que pueda ver el contorno de las nubes que los pilotos llaman CB, cumulonimbos, con su forma de yunque, como si un herrero estuviese martilleando los cielos, forjando espadas para dioses enfurecidos, que en este momento deben de estar sobre la ciudad de Tarbes.
Veo la tormenta que se aproxima. Como cualquier otra tormenta, trae consigo destrucción, pero al mismo tiempo moja los campos, y la sabiduría del cielo desciende junto con su lluvia. Como cualquier otra tormenta, pasará. Cuanto más violenta sea, más rápido lo hará.
Gracias a Dios, aprendí a enfrentarme a las tormentas.



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