domingo, 22 de septiembre de 2013

A QUEMARROPA, Geografía e historia de la violación,./ LA REVISTA PANTALLA SEMANAL, El nuevo mesías de Cataluña,.


Es posible que la congoleña Angélique Namaika no comparta los métodos de la mexicana que se hace llamar ?Diana cazadora de chóferes?, ...

reportaje

Geografía e historia de la violación

Entre la mexicana que asesina a violadores y la monja congoleña que acoge a las víctimas, hay millones de mujeres destrozadas por esta lacra en el mundo,
 
Es posible que la congoleña Angélique Namaika no comparta los métodos de la mexicana que se hace llamar ‘Diana cazadora de chóferes’, pero seguro que al menos la entiende. La primera es una monja de la República Democrática del Congo, país considerado ‘la capital mundial de las violaciones’, con 400.000 mujeres forzadas al año, una media de 1.095 al día, según ‘American Journal of Public Health’. Puede que sean más. Y eso que no solo importa la cantidad, las violaciones aquí conllevan un horror más allá de lo imaginable. Namaika, de 45 años, acaba de ser distinguida este martes por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) con el premio Nansen por haber ayudado a 2.000 mujeres y niñas obligadas a huir de sus hogares y que han sufrido abusos de todo tipo. Muy lejos de allí, en Ciudad Juárez, es noticia ‘Diana cazadora de chóferes’, que ante la impunidad con la que algunos conductores de autobuses están violando a sus compañeras de trabajo, decidió tomarse la justicia por su mano, y ha matado ya a dos (en Latinoamérica, el 77% de los asesinatos de mujeres queda impune). De ella es el retrato robot que aparece junto a estas líneas.
Desde que conocimos a Amanat, aquella estudiante india asesinada por unos desalmados que la violaron en un autobús el pasado diciembre (cuatro de ellos acaban de ser condenados a morir en la horca para júbilo del pueblo), un día sí y otro también los medios de comunicación reflejan un horror que lleva acechando a las mujeres desde el principio de los tiempos. Según la organización feminista Apne Aap, hay 90.000 casos pendientes en la Justicia india, que tarda hasta ocho años en pronunciarse, y solo el 4% acaba en condena. Una mujer es forzada cada 20 minutos, y una de cada tres es menor. Vamos a herir sensibilidades, pero es la realidad: en agosto de 2012 una niña de 11 años fue atacada por seis individuos;los médicos recibieron horrorizados su cuerpo, en el que tuvieron que fabricar un nuevo recto con una parte de su intestino. Pero ha sido la pobre Amanat la que ha puesto otra vez sobre el tapete el asunto. Suena ridículo, pero como solución el Gobierno ha repartido 21.000 cuchillos entre las mujeres para que se defiendan. Y aconseja: «Así como cortan verduras, que corten la mano que les toca».
Lejos de ser apagado por la llamada civilización, este asunto continúa incendiando el planeta. Ya sea por aquellos que siguen pensando que el cuerpo de la mujer es un objeto para usar, como por esos otros que utilizan la violación como una eficaz arma de guerra. Aunque la ONU esperara para reconocerla como tal hasta 2008. Y eso que no le han faltado ejemplos: muchos soldados soviéticos (también franceses y estadounidenses) la emplearon a fondo contra ciudadanas alemanas conforme fueron ganando territorio a Hitler. Pudieron ser hasta dos millones; las ‘escogidas’ tenían entre 8 y 80 años y algunas fueron forzadas hasta 70 veces. Incluso usaban granadas para penetrarlas. El representante del Vaticano en Berlín aseguraba en 1945 que algunos llegaron a cebarse con esqueléticas internas recién liberadas de los campos de concentración. Pasó hace 68 años.
Con el tiempo y el progreso las cosas no mejoraron. José Ricardo de Prada, hoy magistrado de la Audiencia Nacional y en su día juez internacional en la Sala de Crímenes de Guerra de la Corte de Bosnia-Herzegovina, incide en que la violación allí fue «determinante para la limpieza étnica», y señala a estas «víctimas reduplicadas de los conflictos», sufridoras no solo por la guerra sino por el ataque en sí. En la primera mitad de los noventa, hubo entre 20.000 y 50.000 víctimas de soldados serbios; en menor medida, también los bosnios utilizaron este arma. Cuando aquel horror terminaba, le tocó el turno a Ruanda;abril de 1994 fue sangriento para tutsis y hutus moderados. La ONU calcula entre 250.000 y 500.000 violaciones.
«Vengaré a varias mujeres»
El último país en tomar el relevo ha sido Siria. Difícil saber las mujeres que pueden estar siendo violadas mientras usted lee esto, aunque entre adultos y niños muriendo con armas convencionales y químicas, un ‘simple’ ataque sexual queda minimizado. Organizaciones internacionales aseguran que las tropas de El-Assad emplean la violación contra el enemigo. También los rebeldes. Ni siquiera en las cárceles se está a salvo: allí, 1.500 mujeres han sido forzadas.
Ningún país se salva de esta lacra. En el nuestro se produce una violación cada ocho horas. En Estados Unidos... ¡una de cada cinco mujeres dice haber sido violada! Pero quizá sea la República Democrática del Congo el peor lugar para ser mujer, donde aún se vive un conflicto civil que comenzó en 1996. La monja Angélique Namaika ha oído cosas tremendas: «Desde 2008 he estado cuidando de niñas que salían de los bosques tras haber permanecido secuestradas por el LRA (Ejército de Resistencia del Señor, que en los últimos años ha matado a 100.000 personas, secuestrado a 70.000 y obligado a dos millones a abandonar su hogar, según Oxfam). Cuando me cuentan sus historias me obligo a no dejar que se me salten las lágrimas».
Eve Ensler es la autora de ‘Los monólogos de la vagina’. «Como escritora y militante contra la violencia sexual contra las mujeres, vivo en el mundo de la violación. Pasé diez años escuchando historias en Bosnia, Kosovo, EEUU, Ciudad Juárez, Kenia, Pakistán, Haití, Filipinas, Irak y Afganistán. Pero nada de lo que había escuchado fue tan horrible y terrorífico como la destrucción de la especie humana femenina en el Congo». Se refiere, cuidado otra vez con las sensibilidades, «a mujeres con fístulas en la vagina y el recto por la introducción de palos, armas o violaciones masivas (...). Forzadas a ingerir excrementos o comer carne de bebés muertos. Testigos de cómo mataban a sus hijos, de la mutilación genital de sus maridos...».
Ensler dice: «Busco una forma de transmitir mi testimonio sin gritar, sin inmolarme y sin coger una AK 47». Esta última opción es la elegida por ‘Diana cazadora de chóferes’. Así habla ella: «Creen que porque somos mujeres somos débiles y puede que sí solo hasta cierto punto, pues aunque no contamos con quien nos defienda y tenemos la necesidad de trabajar hasta altas horas de la noche para mantener a nuestras familias, ya no podemos callar (…). Fuimos víctimas de violencia sexual por chóferes que cubrían el turno de noche de las maquilas en Juárez y aunque mucha gente sabe lo que sufrimos nadie nos defiende ni hace nada por protegernos. Por eso yo soy un instrumento que vengará a varias mujeres. Al parecer somos débiles para la sociedad, pero no lo somos, somos valientes, somos fuertes».
1945. Hanna Gerlitz es violada por seis soldados soviéticos mientras su marido, un banquero de Berlín, es obligado a mirar: «Después tuve que consolar a mi esposo y ayudarlo a recobrar el valor. Lloraba como un niño». 

El nuevo mesías de CataluñaTÍTULO: LA REVISTA PANTALLA SEMANAL, El nuevo mesías de Cataluña

Ciutadans ya es la tercera fuerza en las encuestas. Su líder ha convertido el partido en el antídoto contra el nacionalismo. Y en la bestia negra de PSC, CIU y PP. Les araña votos sin parar,.
 
Tiene la edad de Jesucristo (Barcelona, 15 de noviembre, 1979) y también se ha presentado en el templo de la vida pública catalana para cantar las verdades a los que considera «mercaderes de la política». Albert Rivera, parlamentario y presidente de Ciutadans, también lo hizo completamente desnudo para demostrar que ya era tiempo de salir del 'armario' y atreverse a divulgarlo: «No todos los catalanes somos nacionalistas. Es tiempo de ver lo que nos une a España y no lo que nos separa». La idea la remacha el dramaturgo Albert Boadella, autoexiliado en Madrid y uno de los promotores en 2005 del manifiesto que dio origen a Ciutadans. «Hay un montón de gente joven que esperaba a alguien así. Es la última esperanza blanca sin contaminar que queda».
¿Será de verdad Albert Rivera el nuevo mesías de la vida pública? Las encuestas parecen ratificarlo. Las últimas sitúan a Ciutadans como la tercera fuerza política de Cataluña (tras ERC y CiU) y la primera no nacionalista (por delante de PSC-PSOE y PP). Bajo su liderazgo se ha asentado un partido 'antisistema', que va de frente contra la rígida balanza nacionalismo-constitucionalismo y que sube como la espuma al lograr situarse en el centro del tablero. «Rivera plantea las preguntas inaugurales que nadie hacía hasta ahora. Y lo hace sin pedir disculpas», reflexiona Félix Ovejero, profesor de Filosofía Política de la Universidad de Barcelona y también pionero de Ciutadans. En la misma línea se pronuncia Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional y profesor del joven político cuando era su alumno en los doctorados. Admite que no destacó especialmente, salvo porque «era de los tres o cuatro que más participaban». Cuando De Carreras decidió dar el paso con otros intelectuales y promover un partido que rompiera la deriva catalana, apareció por allí el veinteañero Albert, que ha logrado que «muchos le escuchen ahora y se den cuenta de que 'este chico dice lo que yo pensaba y no me atrevía a manifestar'».
Empujados por esa voz que habla por ellos, 275.007 votantes le entregaron su confianza en las elecciones del 25-N del pasado año, que se ha traducido en nueve escaños, el triple de su primera aventura electoral. Son los votos de la gente que, en palabras de Félix Ovejero, ha logrado romper la «espiral de silencio: esa que hacía que solo se escuchara una idea (por supuesto, la nacionalista), lo que provocaba que todos acabaran pensando que debía ser la única verdad». Pero también ha arañado muchos votos a socialistas y populares. Es su bestia negra.
Otras consultas ya le ubican como el político mejor valorado incluso en toda España. Un logro en el que juega a su favor el título de campeón nacional de oratoria con el equipo universitario de la Universidad Ramón Llull (Esade), donde cursó la carrera. Y, desde luego, es el primero que logra tal proyección política sin venir del pasado: solo conoce la vida tras la Constitución del 78. Lo demás tiene que buscarlo en los libros de historia. Por eso invita a sus conciudadanos a salirse de «las trincheras ideológicas». Sabe que vivimos un tiempo en el que «las siglas están en peligro, pero la gente sigue teniendo sueños e ideas. Y a partir de ahora van a votar sobre cosas pragmáticas».
Detrás de su figura, un incipiente equipo de pensadores trata de ayudarle a orientar su posible espacio, que debe estar «fuera de los mercados políticos tribales», insiste Ovejero. Un discurso que se mueve en «el mensaje de los derechos constitucionales, que es social-liberal en lo económico, avanzado en lo social y laico», resume Francesc de Carreras. De hecho, en sus perfiles en Facebook (65.000 seguidores) y Twitter (8.500), el joven líder dejar claro su agnosticismo religioso.
Resulta una metáfora tan fácil como inevitable concluir que la carrera política de este joven doctor en Derecho Constitucional, con plaza en excedencia en la asesoría jurídica de La Caixa, va como una moto, su afición favorita. Cuando se lo permite su cada vez más apretada agenda, en la que ha roto las barreras y da más conferencias fuera que dentro de Cataluña, se sube a lomos de su máquina de gran cilindrada y se hace unas curvas en los aledaños de su casa de La Garriga, en la zona del Vallés Oriental. Cuando se quita el casco escucha a los Black Eyed Pies, a Melendi o a clásicos de lo que podríamos llamar sonido 'catalanoespañol': Loquillo y Estopa.
Alumno preguntón
Él encarna los valores de una sociedad plural, muy lejos del 'monocultivo' nacionalista que se impone en las calles y plazas de Cataluña. Insistiendo en la línea argumental de sus padres políticos, Albert Rivera Díaz concluye que «solo soy el alumno que levanta la mano y pregunta algo distinto».
Hijo de Agustín Rivera, un catalán, y María Jesús Díaz, malagueña, una pareja que regenta una pequeña tienda de electrodomésticos en el popular barrio de La Barceloneta, la infancia de Albert la completaron veranos en Málaga y tardes de mucho deporte en el patio del colegio. Su adolescencia y juventud se forjaron bajo el silencio de las piscinas de Granollers, que le permitieron ser dos veces campeón de Cataluña de braza. Cuando ingresó en la universidad, cambió la exigente disciplina de la pileta por el waterpolo para no retrasar sus estudios.
Con el título bajo el brazo, La Caixa le hizo rápidamente un hueco en su equipo de letrados, en donde sacó plaza por oposición interna. Por aquel entonces el gusanillo de la política ya le había capturado y por eso nunca dejó de pulir su formación con cursos como los de Marketing Político en la Universidad George Washington. Con 26 años (2006) se convirtió en el cabeza de cartel de aquel primer ensayo de Ciutadans: un atleta desnudo dispuesto a una larga carrera de obstáculos. No importó que «fuera muy joven e inexperto y nos hiciera sufrir», como recuerda Boadella. En aquella primera 'jaula de grillos' que fueron los tres escaños de Ciutadans (acabaron cada uno por su lado), Albert Rivera demostró temple y constancia para desactivar el campo minado de la política y la prensa catalana. Le acusaron de ser del PP, del PSOE y sufrió amenazas de muerte (junto a su casa, su foto con una diana y una bala clavada y la invitación a 'marcharse de Cataluña').
No le amedrentaron y puso su rostro en los carteles de las elecciones generales del 2008, aunque no logró el acta de diputado. La juventud de Ciutadans le permite descaro y romper moldes. En la siguiente contienda electoral (2010), Rivera ya aparecía vestido mientras el resto de contrincantes estaban desnudos. Confirmó sus tres escaños y tal vez por eso decidió poco después tomar la alternativa y dar la vuelta al ruedo en la Monumental de Barcelona junto a un diputado del PP y un torero (Serafín Marín), para protestar por la prohibición oficial. «Lo hice por coherencia. Yo no voy a los toros, pero votaré para que otros puedan seguir yendo», se justifica.
El joven rostro de la política catalana considera a su compañera, Mariona Saperas, psicóloga de un centro de adicciones, la persona que «le ubica en el mundo y le aporta lo que ocurre en la calle». Ambos educan a Daniela, su hija de tres años. En una tierra obsesionada con crear fronteras, a su niña pretende inculcarle su habitual declaración de principios geográficos: «Cataluña es mi tierra, España mi país y Europa nuestro futuro. Mejor unidos».

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