viernes, 14 de septiembre de 2012

GRACE KELLY SIGUE VIVA,./ LA FOTOGRAFÍA DOCUMENTAL DE JOSÉ ORTIZ ECHAGÜE SE EXHIBE EN CÁCERES:

TÍTULO: GRACE KELLY SIGUE VIVA:

Kate Middleton apenas llevaba ocho meses en el mundo cuando Grace Kelly fallecía en Mónaco a causa de un accidente de tráfico. Aunque ...
Kate Middleton apenas llevaba ocho meses en el mundo cuando Grace Kelly fallecía en Mónaco a causa de un accidente de tráfico. Aunque no la conocía, la prometida del príncipe Guillermo se inspiró en su vestido de novia para dar el 'sí, quiero' en la boda del siglo. El diseño de Sarah Burton para Alexander McQueen recordaba muchísimo al de la princesa monegasca, esa de la que Kate solo había oído hablar y a la que únicamente había visto en las películas y reportajes de la época. Esa elección de la duquesa de Cambridge es un ejemplo más de que Grace Kelly -de cuya muerte en accidente de tráfico se cumplen hoy treinta años- sigue siendo un icono, incluso para las nuevas generaciones. Tanto interés despierta su figura, que la actriz Nicole Kidman se meterá en su piel en una película que mostrará cómo la estrella del Hollywood de los años 50 puso en el mapa al minúsculo país europeo y lo proyectó al mundo hasta nuestros días.
En Google millones de páginas hablan de un mito que compite en protagonismo con Marilyn Monroe, Audrey Hepburn o la mismísima Lady Di. Por encima de todo, Grace Kelly se ha convertido en un sinónimo de elegancia. Esa belleza clásica y serena la coronó como una de las mujeres más fotografiadas del siglo XX. Y su influencia en la moda nunca ha cesado. Diseñadores como Oscar de la Renta o Carolina Herrera siguen inspirándose en el 'look Kelly', ese basado en vestidos de líneas simples y tonos pastel. Todavía hoy uno de los bolsos más exitosos de la firma Hermès lleva su honor su nombre desde que en los años 60 copase con él las portadas de las grandes revistas. ¡Incluso su nombre aparece en algún pintalabios! «Ella tenía la típica imagen de niña de colegio y la convirtió en una imagen fascinante que todavía funciona: nada deslumbrante o extremo, todo discreto», detalla H. Kristina Haugland, restauradora de trajes y autora del libro 'Grace Kelly: de icono de la moda a novia real'. La princesa de Hollywood sigue levantando pasiones entre los más 'fashionistas'.
Rubia, de ojos azules, guapa, elegante, de familia adinerada y buena actriz, la estrella norteamericana se convirtió en la protagonista perfecta de un cuento de hadas con el que muchas jovencitas soñaban. Y pasó a ser una de las más envidiadas desde que en la película 'Alta sociedad' (1956) luciese la sortija de pedida que le regaló Rainiero: un anillo de platino con un diamante de 10 quilates. Como princesa de Mónaco interpretó su mejor papel... y eso que contaba en sus vitrinas con un Oscar por 'La angustia de vivir'. Tras un flechazo y un 'sí, quiero' seguido por más de 30 millones de personas en todo el mundo -día que, años después, recordaba como «una pesadilla»-, dijo adiós a un pequeño aunque intenso currículum cinematográfico: apenas once títulos en los que logró por méritos propios encandilar a Alfred Hitchcock y protagonizar tres de sus películas. El American Film Institute la situó en el puesto 13 de su lista de actrices más memorables. Trabajó con los grandes de la época, con los que también se especuló que tuvo más que palabras fuera de la gran pantalla. Sonados fueron sus romances con Gary Cooper, Cary Grant o Bing Crosby antes de ostentar el título de alteza real.
'Reina' de segunda fila
Aunque su mejor rol consistió en humanizar el papel de princesa, y eso que el resto de monarquías la consideraban una 'reina' de segunda fila. Acercó a los Grimaldi al público y se centró en las labores humanitarias, instaurando el tradicional Baile de la Rosa, entre otros proyectos solidarios. Un camino que curiosamente después seguiría Lady Di. Vidas paralelas de dos iconos reales hasta en el acoso de la prensa y en su trágico final. «No me gustaba ser una estrella de cine... No me gustaba la apariencia pública de ser una estrella de cine, aunque allí mi vida privada seguía siendo mía. Cuando me casé, no tenía privacidad ninguna», llegó a comentar en alguna de sus entrevistas.
La actriz levantaba tal expectación en el papel couché que sus hijos pronto coparon el objetivo hasta el punto de que Estefanía solía ir al colegio escondida en el maletero. «La idea de que mi vida ha sido como un cuento es, en sí misma, un cuento», resumió poco antes de su muerte, a los 52 años.
Todo no fue tan maravilloso como las idílicas fotos de los Grimaldi daban a entender. Su adaptación a los apenas dos kilómetros de país le costó lo suyo y más aún con toda la familia y allegados de Rainiero en su contra. Sin olvidar las encorsetadas normas protocolarias que existían en palacio, donde ni siquiera podía reunirse a solas con un hombre, aunque fuera su diseñador de cabecera. ¡Hasta se prohibieron sus películas en su nuevo país!
Otro de sus 'logros' fue darle un toque de glamour a Mónaco. De su mano, el principado emergió como destino turístico más allá de sus casinos y bancos. Su huella sigue muy viva en el pequeño estado, donde hay rutas y tours organizados que recorren sus pasos. Una visita obligada se sitúa en la catedral, donde se casó en 1956 y donde se encuentra su tumba, en la que nunca faltan ni flores... ni turistas fotografiándola. Sin olvidar el palacio real monegasco, donde se guarda bajo llave 'Rearranged', la última película que estaba rodando y en la que daba vida a ella misma. Solo se conservan 27 minutos de negativo e incluso aparecía en un cameo Rainiero. A la actriz la tentaron en numerosas ocasiones para volver a la gran pantalla, pero solo coqueteó con algunas narraciones y lecturas poéticas televisadas. Eso sí, estuvo más cerca de lo que se comentó de dar vida a 'Marnie, la ladrona' (1964), de Hitchcock. En un primer momento se achacó su negativa a la reacción adversa de los monegascos a que su 'reina de corazones' volviese a Hollywood. Sin embargo, el rechazo tuvo que ver con un problema mucho más íntimo: Grace había sufrido un aborto en 1962, tal y como reveló Donald Spoto en su biografía 'Grace Kelly', un libro que la propia princesa le pidió al autor que no escribiese hasta 25 años después de su muerte.
Hoy por hoy muchos monegascos se esfuerzan por ver en Charlene Wittstock, esposa del príncipe Alberto de Mónaco, la sucesora natural de Grace (con permiso de su hija Carolina y su nieta Carlota). Aunque por el momento la sudafricana no levanta ni por asomo tantas simpatías como su predecesora. Y todo mientras aún no se ha aclarado el accidente que la llevó a despeñarse por la carretera en la que curiosamente rodó 'Atrapa a un ladrón'. Se rumoreó que Estefanía, aún menor de edad, conducía el coche. También que todo fue un despiste porque iban discutiendo. Hasta se especuló con un sabotaje. Y todo aderezado con un supuesto sueño que tuvo poco antes y en el que se quedaba paralizada tras un accidente.
Al final la versión oficial achacó la perdida de control del coche a un derrame cerebral, de ahí los fuertes dolores de cabeza que Grace Kelly sufría esos días. Un episodio más para engrosar la maldición de los Grimaldi. Solo que en este caso se llevó a su figura más emblemática, convirtiendo el cuento en una leyenda.

TÍTULO: LA FOTOGRAFÍA DOCUMENTAL DE JOSÉ ORTIZ ECHAGÜE SE EXHIBE EN CÁCERES:

 La fotografía documental de José Ortiz Echagüe se exhibe en Cáceres. Museo. La muestra fue inaugurada en la tarde de ayer.
46 fotografías en blanco y negro que retratan a la mujer en la cultura tradicional española. Es el mensaje de las instantáneas de José Ortiz Echagüe que, desde ayer y hasta el próximo 30 de noviembre, se exhiben en el Museo de Cáceres. Titulada 'Mujeres: tipos y estereotipos', la muestra tiene un carácter documental. Entre sus obras más destacadas está la serie realizada en Montehermoso en 1931. «Con ella, el artista consiguió una escena clásica que junto a la pintura de Sorolla, ha influido de manera muy determinante para que el traje femenino de Montehermoso sea el símbolo de Extremadura que hoy es», según explica en una nota el Museo.
Se trata de una muestra itinerante que contiene una selección de obras de los fondos conservados en el Museo de Traje, perteneciente al Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico del Ministerio de Educación. Uno de los grandes afanes del autor es documentar tipos humanos en vías de desaparición, especialmente visibles en sus retratos femeninos. Ortiz Echagüe preparaba sus escenas y colocaba a sus modelos y en lugar de captar los momentos de la vida diaria de las peronas, elegía el primer plano para dar mayor energía a la instantánea. La muestra que ha llegado a Cáceres pertenece a una de sus cuatro series temáticas clásicas, 'España: tipos y trajes'.

No hay comentarios:

Publicar un comentario