miércoles, 22 de agosto de 2012

GARAJONAY / PRINCESA DE LA BANLIEUE:

TÍTULO: GARAJONAY :

El municipio de Vallehermoso tiene varias playas: perfectas para el baño: Argaga e Iguala; bellas y salvajes: Arguamul y La Sepultura; nudistas: La Arena; sin encanto y sin arena: La Rajita; con arena y encanto: Alojera; feas y peligrosas: La Playa. Como si no hubiera otra, la bautizaron con el nombre de La Playa. Se halla a 3,5 km del casco urbano y cuando uno alcanza su orilla se encuentra frente a un mar que bate duramente sobre las piedras. A la izquierda hay dos edificios que fueron parte de sendos pescantes: uno en estado de ruinas y otro con el aspecto deprimente de haber sido “restaurado” de manera miserable. Algo antes de llegar a la playa, a mano derecha, hay una piscina. También es muy probable que al llegar encontremos soplando un viento frío capaz de sacar a flote el mal humor hasta del santo Job. Este es el panorama actual.

Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que ese lugar, a pesar de las olas y el viento, era una preciosa playa de arena negra, con charcos agradables, casas, bares, barcos de pesca, pescante y hasta canchas de fútbol y de baloncesto. ¿Qué sucedió para llegar al estado actual?
Seda, orchilla y carpinteros de ribera
Retrocedamos algunos cientos de años. Es bueno tomar distancia, también distancia temporal, para ver mejor las cosas.
Si observamos el mapa de La Gomera levantado por el ingeniero italiano Torriani, a finales del siglo XVI, veremos marcada esta playa con el nombre de Spiaggia de Valle Hermoso.
Por esa misma época, el portugués Gaspar Frutuoso indica que no es fácil llegar a tierra en el Puerto de San José, como denomina a la playa de Vallehermoso. A pesar de estas dificultades, Frutuoso otorga cierta importancia a este embarcadero porque era el punto de atraque más cercano al puerto de Santa Cruz de La Palma y no existía, según él, otro mejor en toda la banda norte ni noroeste de La Gomera.
En cuanto a las mercancías que se embarcaban por La Playa de Vallehermoso en los siglos XVI, XVII y XVIII, destacan las sedas, la orchilla y la madera. Es probable que una parte de los cereales cultivados en las zonas de secano, como Tazo, junto a las excelentes cosechas de vino, también saliese por el mismo embarcadero.
Desde el siglo XVI, la gente de Vallehermoso exportaba muchos troncos de árboles con destino a Las Palmas de Gran Canaria, según se sabe por los protocolos notariales de la época. ¡Qué belleza debieron tener aquellos bosques para que, aun siendo talados durante tantos años, la parte de ellos que logró sobrevivir continúe siendo la admiración de todo el mundo!
En los inicios del siglo XVII, la carpintería de ribera estaba muy desarrollada en La Playa y se fabricaba un buen número de embarcaciones de tamaño considerable, pues alcanzaban hasta 70 pipas de capacidad.
En cuanto a la seda, su producción era muy abundante en el siglo XVIII y se enviaba a las islas realengas. Sobre la fabricación de la seda y la elaboración de diversas prendas dedicaré otro artículo en este mismo blog, igual que a la recolección de la orchilla.

TÍTULO: PRINCESA DE LA BANLIEUE:

hace 1 día ... Isabel Pantoja cuando quiere verse bañada por la luz de los focos se pone en plan Agustina de Aragón de la copla y exclama: «¡Los cañones, ...
Isabel Pantoja cuando quiere verse bañada por la luz de los focos se pone en plan Agustina de Aragón de la copla y exclama: «¡Los cañones, hacia mi persona!». A Belén Esteban no le hace falta pedirlo. Los cañones (de luz) siempre apuntan hacia ella. El último en intentar desentrañar este insondable misterio, el porqué del éxito mediático de una mujer sin preparación alguna ni buena imagen ni aparente talento, ha sido el prestigioso diario francés Le Monde. Que Belén Esteban, objeto de sesudos estudios sociológicos, mediáticos, parapsicológicos y filosóficos, aparezca en una portada de Le Monde no es como para echarse las manos a la cabeza. Nos las echaremos cuando sea titular de cabecera de Le Monde Diplomatique, porque entonces sí, esa será la inequívoca señal de que Europa se va definitivamente a pique, el euro se rompe y Angela Merkel se ha echado al monte vestida de tirolesa. Pero hasta entonces, paciencia. ¿Que es increíble que la Esteban comparta portada con Julian Assange? Lo es. Sobre todo cuando Assange para que le hagan un poco de caso ha tenido que desentrañar y airear tremendos secretos de estado y más tarde huir, esconderse, refugiarse en una embajada, ser reclamado internacionalmente y salir al balcón como un heroe clandestino a dar el mitin sobre la libertad de expresión como derecho fundamental, con Garzón de telonero. A Belén, en cambio, para que los cañones (de luz) españoles y ahora franceses apunten hacia su persona le ha bastado con ser la despechada exnovia de un populachero torero y vivir, igual que el famoso tango, «como abrazada a un rencor». Bueno, eso y engullir un montón de bocatas de chorizo ante las cámaras en el plató de Sálvame sin parar de soltar perlas por esa boca, que también tiene su mérito.
¿Y cómo ven los franceses a la que ellos califican de 'Reina ibérica de los talk-shows'? Pues no muy 'pata negra', la verdad. En el retrato que hace la periodista Sandrine Morel de la 'estrella de Telecinco' para el suplemento de televisión de Le Monde de este pasado domingo la define como una mujer «maleducada», «demasiado delgada y con la cara estropeada por la vida»... (la vida por lo visto es el eufemismo que usan en Francia para referirse a un abuso de cirugía estética). Sostiene Morel, tras varios días de convivencia con La Esteban, que a Belén le habría gustado ser monja o ama de casa (todavía está a tiempo) pero que ha terminado convertida en «un juguete de la cadena y del público». Total, que la periodista francesa tampoco se explica el éxito de audiencia de la mal llamada 'princesa del pueblo' (ahora también, 'princesse de la banlieue'). Ni el hecho de que pudiera llegar a captar un hipotético 8% de los votos en caso de presentarse a unas elecciones, «a pesar de su grosera forma de hablar y rudas maneras». Solo le falta añadir a Morel: Sabíamos que en España estaban mal... Pero no tanto.

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