martes, 15 de noviembre de 2011

NOS HABLO DEL CAMPO CAÑETE. Miguel Arias Cañete.

Miguel Arias Cañete es un político español del Partido Popular nacido en Madrid el 24 de febrero de 1950. El ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete--foto,.
Estudió en los jesuitas de Chamartín. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Abogado del Estado, ejerció en las delegaciones de Hacienda de Jerez de la Frontera y Cádiz. Miembro de Alianza Popular, fue parlamentario autonómico andaluz entre 1982 y 1986. Fue senador en las legislaturas V y VII por la circunscripción de Cádiz, y ministro de Agricultura y pesca en los gobiernos de José María Aznar. Miembro del Parlamento Europeo entre 1986 y 1999. En las elecciones locales de 1995, fue elegido concejal de Cádiz, permaneciendo en el Ayuntamiento hasta 2000. Actualmente, es diputado por Cádiz en el Congreso de los Diputados dentro del Grupo Popular, presidiendo la comisión parlamentaria mixta para la Unión Europea. En el XVI Congreso Nacional del PP acaecido en Valencia fue elegido presidente del comité electoral nacional del partido.
Miguel Arias Cañete, ex ministro de Agricultura: «La mejor reestructuración del olivar es la concentración de las cooperativas.
Posiblemente ningún dirigente del Partido Popular sepa tanto de campo como él. Fue ministro de Agricultura y hay quien lo sitúa nuevamente en este cargo si el PP llegara al Gobierno en 2012. El jueves se reunió con olivareros en Baeza y les advirtió sobre los peligros que entraña para Jaén el borrador de la nueva Política Agraria Común. Hizo un hueco en su agenda para hablar con IDEAL.
– Nos hallamos en pleno debate sobre la Política Agraria Común (PAC). ¿Qué plantea el PP teniendo en cuenta la dura crisis de precios que atraviesa el sector?
–Son cosas distintas. La PAC debe contemplar apoyos suficientes para servir de estabilizador de la renta de los agricultores. El modelo futuro, a la vista de que el actual proviene de sistemas eficaces, no debe distorsionar los flujos financieros que van a los distintos cultivos. Y la política nacional debe abordar, a través de un Ministerio de Agricultura como el que había antes, los principales problemas del sector en España, que son el escaso diferencial de precios entre origen y destino, el no funcionamiento de las interprofesiones y la atomización de las cooperativas.
–¿Cree que ha llegado el momento de pasar página y que la PAC ponga más foco en el mercado y menos en las ayudas?
–La PAC debería contemplar algún mecanismo de estabilización de mercados. Creo que lo fundamental es incentivar los procesos de concentración de oferta. Tenemos un millón de agricultores y 4.000 cooperativas, y al final los grandes compradores son menos de una veintena. El desequilibrio es espectacular. La segunda asignatura pendiente es que en España no funcionan las interprofesiones. No logramos ponernos de acuerdo y cuando se consigue el consenso las autoridades de la competencia lo sancionan. También se podrían arbitrar otras soluciones como un seguro de rentas o la creación de un fondo con dotación periódica para que funcionara en los momentos de crisis.
–El 6 por ciento de los olivareros se lleva la mitad de las ayudas. El tema no es nuevo, especialmente para usted, que tuvo que negociar la última OCM. ¿Se debe plantear un nuevo sistema de reparto de los incentivos?
–En la futura PAC se quiere establecer un límite superior de percepciones. Pero hemos de ser conscientes de que éste es un debate simplista porque lo que interesa es que haya actividad en el medio rural, que las almazaras funcionen, que la gente encuentre trabajo en la poda o en el cuidado de los arboles... Que el perceptor sea pequeño, mediano o grande es un discurso falso en una economía de mercado. En el caso del olivar, lo importante es que las ayudas permitan su mantenimiento en toda España y de manera singular en Andalucía yJaén.
–A finales de 2003 le hice una entrevista y me aseguró que «la plantación de olivar no subvencionado demuestra que se puede vivir sin ayudas». Siete años después ¿sigue pensando lo mismo?
–Pues depende de los territorios. Cuando hay regadío y hablamos de plantaciones intensivas o superintensivas, todo el mundo vive sin ayudas y con más rentabilidad que las explotaciones de baja producción o de montaña, que sí reciben subvenciones. No hay afirmaciones universales.
Reestructuración del olivar
–Cada vez existe más consenso respecto a la necesidad de acometer un proceso de reestructuración del olivar jienense, que está perdiendo competitividad frente a las explotaciones superintensivas que van entrando en producción poco a poco. ¿Cuál es la posición del PP sobre este asunto?
–Debemos tener un mecanismo de apoyo comunitario que permita la sostenibilidad del cultivo en su conjunto, con acciones específicas para el olivar de montaña y el que se sitúa en zonas con un desarrollo agrario muy crítico por las características del terreno. Pero la superficie básica tenemos que defenderla por la vía de los precios, lo que nos obliga a la unión de los productores. La mayor reestructuración es la concentración vertical de las cooperativas y la comercialización de grandes volúmenes. Mientras esto continúe así no se puede contar con profesionales para la exportación, hay que vender a los compradores tradicionales, no se envasa, no se explotan las marcas propias... La integración de la oferta es un tema que debe solucionarse desde el punto de vista legislativo ya que, por ejemplo, es virtualmente imposible que se junten entidades de comunidades autónomas diferentes.
–Observo que su discurso coincide al cien por cien con el de la Junta. Parece ser que en este tema no hay discrepancias...
–Un análisis riguroso nos lleva a las mismas conclusiones, pero luego hay que hacerlo realidad. Deben ser los poderes públicos quienes lideren ese debate y los que lo faciliten. Hacen falta líneas presupuestarias para apoyar este movimiento. Ha habido cooperativas que no se han podido convertir en sociedades anónimas por falta de comprensión de los cooperativistas y también de las administraciones.
–Pero sin embargo la Junta ha ofrecido un cheque en blanco para propiciar la concentración y sólo se han creado cinco grupos. Igual es un problema de mentalidad...
–Puede ser, pero hay que ser didáctico y convincente, y la mejor manera es poner en marcha grupos de éxito. Si algo funciona, todo el mundo lo copiamos. Pero lo que no vale es interferir políticamente en los nombramientos. No se pueden habilitar líneas presupuestarias y que después los políticos ocupen puestos de dirección.
–Cambiando de tema. Hipermercados ofertan el litro de virgen extra a 1,75 euros, un 12 por ciento por debajo de los precios en origen y un euro más barato que lo que cuesta producirlo. Los agricultores acusan a la gran distribución de vender a pérdidas y propiciar la ruina del olivar. Si ustedes fueran Gobierno ¿cómo actuarían frente a este tipo de políticas comerciales tan agresivas y tan lesivas para los aceituneros?
–Primero, analizando el producto. A veces se venden cosas que es imposible que se correspondan con la calidad que se indica. Producir un artículo cuesta lo que cuesta. En segundo término, tratando de desarrollar una verdadera interprofesión en la que hubiera un diálogo entre todas las partes para diferencias precios y evitar que productos fundamentales de la economía se utilicen como reclamo. Y tercero, aplicando la legislación que impida vender a pérdidas y por debajo de costes de producción. Ahora bien, también es verdad que hay mucha gente desesperada que vende a cualquier precio para liquidar la cosecha. Tendría que haber una política responsable por parte de las cooperativas.

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