
Ahora bien, si al Madrid lo invade el papanatismo propio y el de otros elementos laterales que merodean y chupan del club, al Barcelona no le mueve más que el fariseismo barato. Al Barça no le importa el aforo. Lo que le importa es ir a defecar a los servicios del Bernabéu antes de que Florentino acometa las obras. El Barcelona está acosando al Madrid de forma injustificada. Si ya se sabe que en el ánimo del club blanco está no ceder el estadio, ¿a qué viene tanta insistencia y tanta petición de ejemplaridad y buena convivencia?
Sería ejemplar, efectivamente, que la final se jugara en el Bernabéu, pero también sería muy saludable que no se pitaran los himnos, se respetase la figura del Rey y que los socios del Real Madrid se encontrasen el estadio tal y como estaba antes del partido y los madrileños su ciudad en perfectas condiciones tras el duelo. ¿Se puede garantizar eso?
El fútbol español ha llegado a un estado de forofismo tal que la final de la Copa del Rey acabará jugándose en un portaaviones, en medio del Atlántico Norte.
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